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APAMA:
6 años de la Asociación de Padres, Amigos y Minusválidos de Alcalá del Valle
Por Rosario Fernández Gavilán


 Uno de los logros  más significativos del colectivo de personas con discapacidad, a través de los tiempos, ha sido sin lugar a dudas la formación de plataformas para la defensa de sus derechos y necesidades. Las primeras entidades que surgen en la defensa de este colectivo con discapacidad son las comunidades religiosas, las cuales dieron pie, poco a poco, a la creación de grupos de afectados, con otros objetivos distintos al meramente humanitario que poseían las mismas.
 Hoy en día, en España existe un importante número de organizaciones de minusválidos o personas discapacitadas. Estas  están diferenciadas  según el sector al que atienden, discapacidad física, psíquica y sensorial (COCEMFE, ONCE, FEAPS...). Todas ellas con un denominador común, conseguir la integración social, cultural y laboral, así como mejorar la calidad de vida del colectivo al que representan.
 En nuestra localidad, desde el año 1.991 comienza a surgir cierto interés y preocupación por este sector de personas con discapacidad, hasta que el 18 de enero de 1.993 dieciséis socios  promotores  fundan lo que hoy se conoce con el nombre de Asociación APAMA. Este primer grupo de padres decide unir sus esfuerzos con un fin claro: Promover en lo posible, a través de los medios adecuados, que las personas con minusvalías de esta localidad adquieran conocimientos y aptitudes necesarias para su integración a todos los niveles.
 La Asociación APAMA, es una entidad que engloba a las tres minusvalías, física, psíquica y sensorial, posee un censo de 45 discapacitados. Se encuentra enmarcada a nivel  provincial dentro de la Federación Provincial de Minusválidos Físicos de Cádiz. Comenzó su andadura asociacionista con 16 socios, poseyendo en la actualidad 134.
 La financiación de la asociación depende de las subvenciones del Instituto Andaluz de Servicios Sociales, que desgraciadamente no es gran cosa, y de las cuotas de los socios (300 pesetas mensuales), de ahí la importancia de aumentar el número de éstos, ya que nos ayudaría a seguir trabajando en este campo.
 A lo largo de estos años se han llevado a cabo una serie de grupos de  programas: Talleres, semanas culturales, convivencias con otros grupos de minusválidos, participación en actividades comunitarias...
 A grandes rasgos podríamos decir que APAMA  trabaja a distintos niveles: Taller APAMA, asesorar e informar a las familias afectadas y al resto de los demás ciudadanos sobre minusvalías, así como hacer valer nuestros derechos y deberes como ciudadanos.
 El pasado nueve de octubre hizo tres años de la apertura del taller APAMA (polideportivo), un taller dirigido al colectivo de minusválidos, que surge en respuesta al problema que presentan estos chicos una vez que han terminado su escolarización. Se plantea la paradoja de que no pueden ir a la escuela porque superan la edad y además poseen ciertas deficiencias que les impide estar integrados totalmente en la sociedad, ¿qué hacemos?
 En el taller nos encargamos de dotar a estas personas de las habilidades y capacidades que presentan  deterioradas, de  prepararlos para la sociedad en la que vivimos. Se lleva a cabo formación académica, para que puedan acceder al conocimiento y a la cultura, y formación ocupacional, cuyo objetivo no es sólo el trabajo manual que se lleva a cabo (cerámica y pintura de escayola), sino algo más importante, el aprender a comportarse en grupos, acatar normas, adquirir responsabilidad, conseguir destrezas en el manejo de los útiles de trabajo, fomentar la autonomía personal..., y así dotarlos para un futuro trabajo. Lo primordial es que se sientan útiles, que sean conscientes de que pueden  aprender. En definitiva la integración de los deficientes no depende tanto de su capacidad, sino de las oportunidades que la sociedad en función de las necesidades les brinda.



Otra forma de ser
Rosario Fernández

El  colectivo de personas con discapacidad desde hace muchos años ha sido objeto de burla, discriminación, la vergüenza de la familia, hasta tal punto que eran recluídos de la sociedad como seres que no servían para nada.
 En la actualidad, no cabe duda de que esto ha cambiado, no obstante aún a las puertas del siglo XXI queda mucho por hacer, desde el mismo momento en que hablamos del minusválido, hablamos de desventaja social con respecto al resto de los demás ciudadanos.
 Esta sociedad tan pluralista en la que vivimos, tiene que aceptar la diversidad; al igual que hay rubios y morenos, guapos y feos,... , también hay personas con un nivel intelectual más bajo que el de los demás, personas con dificultad en la movilidad, personas ciegas, personas con problemas auditivos y un largo etcétera, que ante todo son seres humanos que tienen dentro de sí mucho que aportarnos. Por ello hay que darles las mismas oportunidades que al resto de los mortales en educación/formación, terreno laboral,... Si son más “torpes” habrá que allanarles el camino hasta llegar a desarrollar al máximo sus capacidades potenciales. En resumen,  habrá que capacitarles para que se desenvuelvan en su medio con la mayor autonomía posible. Tenemos que conseguir, en definitiva, su INTEGRACION en la sociedad como componentes que son a todos los niveles: social, cultural y laboral.
 Esto es lo que pretenden las Asociaciones de Minusválidos, que un día decidieron unir sus voces y esfuerzos para hacer valeR sus derechos como ciudadanos. No sólo las Asociaciones somos las que luchamos por mejorar el nivel de vida de los minusválidos, sino que es un deber de todos. Vamos a ser tolerantes, solidarios y, ante todo, SEAMOS HUMANOS.




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Última modificación de esta página, 7 de octubre de 1999