logotipo

img_google
WEB del Centro de Estudios Alcalareños EL CASTILLÓN
Las Cárceles Sobran
Por Francisco José Sánchez Heras


 Las Cárceles sobran
 Con estas mismas palabras titulaba un trabajo que presenté en una de las asignaturas de los estudios que curso. Con este título enmarcaba un trabajo de varios meses, con el que me disponía a adentrarme en una realidad a la que NUESTRA mentalidad SIGUE sorda y cerrada: La Cárcel.
 Quizás las «urgencias académicas» no me han dejado llegar totalmente al tuétano de este problema -realidad, si prefieren- pero sí lo suficiente como para cuestionar NUESTRO modelo de vivir, NUESTRO modelo de sociedad y sobre todo SENTIR -y digo SENTIR- cómo las fibras del corazón se rasgan cuando Seres Humanos como NOSOTROS se pudren en condiciones infrahumanas, de espantosa duración, con castigos injustos y desproporcionados.
 Las prisiones son frecuentemente motivo de escándalo para la opinión pública; más aún en estos momentos por motivos muy distintos. Pero, realmente ¿son necesarias o sobran?; ¿cuál es su realidad?, ¿nos da miedo adentrarnos en ella?, ¿negamos el derecho a recuperarse y a vivir con Dignidad a los presos?, ¿cuáles son las alternativas? etc… Un rosario de preguntas desarrolla el trabajo y en breves líneas me gustaría repasar algunas de ellas; ya que desgraciadamente existen realidades como estas y afortunadamente existen revistas como estas.

Bajo sospecha
 La cárcel es la institución típica de la Modernidad. En concreto, nacieron para sustituir castigos más crueles. Pero incluso en este contexto progresista, el centro penitenciario era visto como un mal, por cuya eliminación había que seguir luchando. Eso expresaban aquellas palabras de Jovellanos: «Cada escuela abierta cierra una cárcel». Cada vez más la cárcel es una «institución bajo sospecha». No sólo por las crueles y sórdidas condiciones que oculta (hacinamiento, falta de medios, violación de derechos, malos tratos, etc…) sino también por el vergonzoso incumplimiento de las finalidades que dice seguir, además de los inútiles costes que supone (1 preso al año vale cerca de 4 millones en España). En definitiva, la cárcel no responde a la necesidad prioritaria del sistema social (practicar la convivencia y resolver conflictos sociales de especial gravedad), sino al contrario, constituye una estructura de violencia que agudiza las patologías sociales, incrementa la desigualdad y genera sufrimiento estéril. Pero quizás no se le pueda pedir al Sistema Penal la erradicación de la Injusticia Social, la modificación de la estructura social, económica o cultural que generan desigualdad o marginación, pero al menos sí es éticamente exigible que no colabore en su reproducción.

Presos: invisibilidad de sus derechos
La privación de la libertad de las personas presas lleva aparejada una restricción (en muchos casos una eliminación) de los derechos fundamentales que nada tienen  -aparentemente- que ver con la privación de Libertad originaria.
 Una sentencia del Tribunal Constitucional 2/1987 resume perfectamente la realidad de los Derechos fundamentales de los presos: «…en atención al estado de reclusión en que se encuentran las personas que cumplen penas de privación de Libertad se admite que los Derechos Constitucionales de estas personas pueden ser objeto de limitaciones, que no son aplicación de los ciudadanos comunes». Esta relación de «Poder Amplificado» permite, según el Tribunal Constitucional actuaciones como: cacheos con desnudos integrales (pese a que el Tribunal Constitucional reconoce que la desnudez ante un funcionario quebranta la intimidad personal y corporal) y sesiones de Rayos X como medida de seguridad.

Cuestionamiento de la Cárcel
El fracaso de la prisión para su fin primario que es el rehabilitador, es evidente. A los individuos que se privan de libertad, se hace porque para su conducta son considerados peligrosos. Pero sin embargo, para una mentalidad auténticamente democrática, esta peligrosidad por sí sola, no justifica ni la existencia de la institución ni la privación de libertad de las personas. Y mucho menos aún la justifica cuando, además de no cumplir el otro fin primario de rehabilitador, lo daña claramente. De hecho, la cárcel resulta ser una institución para marginados y marginadora: la estancia en ella no sólo no rehabilita sino que comporta el riesgo evidente y real de desocializar a la persona.
 Pero toquemos el origen de esta realidad. Analicemos la semilla que genera todo esto. Mientras las condiciones socioeconómicas sigan siendo de Desigualdad e Injusticia, mientras la sociedad siga cargando mucho el peso del analfabetismo, del desempleo (¿Estado social de Derecho?), fracaso escolar (¿De quién?), de la Drogodependencia, etc… seguiremos originando excluidos para que posteriormente sea castigado por las Inhumanas Agencias de Control Penal.

*Para profundizar en este tema recomiendo: «MIL VOCES PRESAS»: J.C. Ríos./P.J. Cabrera. Universidad de COMILLAS, Madrid, 1998


Para enviar su mensaje, pulse aquí


Volver a la página principal
 

(C) Centro de Estudios Alcalareños El Castillón
Apdo. 428 - C.P. 29400 Ronda (Málaga)
e-mail: alcaladelvalle@mixmail.com
Telf. 610 02 95 68