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El Flamenco, como esencia y cultura del pueblo es la única verdad vibrante, sola y desnuda que con voz y eco doloroso se resiste y duele ante las apariencias incontroladas de un mundo, de un mundo sin verdad. Blas Lamas, Alcalá Noticias, junio de 1998 |
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A mi abuelo Pedro Fernández Ayala, por su inestimable ayuda
Hasta que los amigos de la Peña Cultural
Flamenca decidieron poner el nombre de “Frasquito El Rubio” a su asociación
la mayoría de nosotros y en especial los más jóvenes
no lo habíamos oído nombrar. ¿Quién era este
personaje, que los más viejos aficionados al Cante no dejaban de
elogiar?
Francisco Ayala Aguilera: Frasquito
“El Rubio”, apodo éste que le viene de su padre, nació en
Alcalá del Valle el día 26 de febrero de 1914, hijo de Francisco
Ayala Saborido (asesinado en nuestra localidad por el fascismo y la intolerancia
junto a muchos paisanos durante al Guerra Civil Española, suceso
éste que marcará a Frasquito que pronto deja nuestro pueblo,
para sólo volver esporádicamente) y Ana Aguilera Romero.
Era un joven más de su época,
su familia, como la mayoría de las familias alcalareñas,
vivía en la más menesterosa de las situaciones, es decir,
sobrevivían a duras penas en la más absoluta miseria en la
calle Cristo. Su carácter era alegre y extrovertido, llegando incluso
a participar en las murgas callejeras que por aquellos años dirigía
Antonio Caballero.
Se podría decir que el cante
vivía en él y pronto empezó a soltarlo, a la edad
de 15 años tuvo ocasión de cantar con el célebre “Carbonerillo”.
Hay quien lo recuerda en aquella época…
“Niño, se disfrazaba de bailaora
y arrendaba a las folklóricas del momento, para delirio de todos.
Vamos, era pan de rosas”.
A principios de los 40, después
de los trágicos sucesos de la Guerra Civil y empujado por el hambre
se marcha al Campo de Gibraltar (Estación de San Roque), donde participó
en numerosos festivales de la mano de las grandes figuras del momento.
Una de las anécdotas que se recuerdan
de esa época sucedió un día que él y varios
amigos decidieron ir andando desde la Estación de San Roque a Ronda,
andando para oír cantar a la “Niña de los Peines”. Ésta,
sorprendida al verlos llegar, le preguntó: “¿Qué haces
aquí, gaché?”, a lo que respondió: “De peregrinos
para verte cantar”.
Durante esa época, años
40 y 50, nuestros paisanos también lo encontraron de jornalero en
Jerez. Uno de ellos me cuenta:
“Se encontraban a las puertas de un
café, él y su hermano Corruco (otro magnífico aficionado),
donde aquella noche actuaba un cuadro flamenco. Montaron tal “juerga” en
la puerta, que nadie entraba a ver el espectáculo. Tanto es así
que tuvo que salir el dueño del local a invitarlos a que pasaran,
pues aquella noche era su ruina… Vamos, aquí como los niños
del Rubio, ninguno”.
A mediados de los 60 emigró a
Francia y posteriormente a Cataluña. Aunque este intervalo de tiempo
no duró mucho, ya que a los pocos años volvió a la
“España Coñí” como a él le gustaba llamar a
su tierra. Donde siguió colaborando en los festivales de la zona,
acompañado siempre de su buen amigo y guitarrista Salvador de Corte.
El 1 de junio de 1989 falleció
en la Estación de San Roque. Su voz inconfundible, melosa y agradable
quedó para siempre en la memoria de los que tuvieron la suerte de
oírla. Como también quedarán gravados en la memoria
de aquellos buenos ratos de flamenco que se creaban en el “Bar Morcilla”
o en el viejo “Casino” junto a su hermano José “Corruco” cuando
esporádicamente volvía a Alcalá para ver a sus gentes.
Frasquito reunía todo lo intrínseco
del tipo flamenco alcalareño: jornalero, emigrante y un saber natural
en el cante y en el baile, así como un carácter muy alegre.
Me contaba su hija Carmen la noche de
la presentación de la Peña en el Centro Cívico que
en sus últimos años, confinado como estaba a una silla de
ruedas, nunca abandonó ese carácter y siempre estaba dispuesto
a alegrar con alguna “flamenquería”.
Padecía además, el olvido
del pueblo que lo vio nacer, crecer y que después lo despidió
como a muchos a ganarse el pan por el mundo. Por eso estos amigos de la
Peña van a crear la Casa Flamenca de Alcalá, para que ni
él ni ningún otro artista alcalareño se pierda en
la memoria colectiva.
Una casa donde todos nuestros aficionados
al Arte flamenco tendrán un rincón, por haber sabido romper
esas invisibles barreras de incomunicación que todos nos imponemos.
Un rincón para esos aficionados que tan buenos ratos hicieron, hacen
y harán pasar en nuestro pueblo, sin buscar más premio que
la aprobación de sus gentes.
Alonso Fernández
En estos días que se ultiman los detalles de la cesión
del solar del antiguo Lavadero a la Peña Flamenca «Frasquito
El Rubio» sería bueno recordar el porqué de la creación
de dicha asociaci6n, sus fines y cual es el compromiso que ésta
adquiere con dicha cesión.
Es de sobra conocido por todos los viejos aficionados, que
Alcalá, nuestro pueblo, era privilegiado escenario por donde pasaban
todas las primeras figuras del Flamenco de la época.
Que en nuestro pueblo se cantaba cualquier día y en
cualquier sitio, ya fuera en las antiguas tabernas, en los tajos de trabajo
o en las celebraciones familiares (costumbre ésta que aún
pervive en algunas familias alcalareñas). Y que nuestra afición
local dejaba verdadera huella flamenca en los nombres de Francisco Ayala,
«Frasquito El Rubio»; Blas Izquierdo, «El Lápiz»;
José Aguilera, “La Ratilla”; Francisco Carnero “El Canario”; y más
recientemente Antonio Trujillo “El Chichi”; Juan Cabello, José Cabello,
Juan Valle y algunos más que ahora seguro olvido.
Por lo que no se comprende que en éstos últimos
años que corresponden a un mejor estado económico de nuestra
localidad, nuestro Arte, la expresión cultural más universal
de Andalucía halla casi desaparecido de nuestra vida social. ¿No
parece esto un absurdo? ¿Acaso la Cultura no forma parte de lo que
se ha dado en llamar calidad de vida?
No quiero culpar aquí, ni a los cambios en nuestra
forma de usar nuestro tiempo libre, más cercanos a las constumbres
anglosajonas en algunos aspectos, que a las andaluzas de las que tanto
presumimos. Ni tampoco a la actitud de abandono que por parte de nuestros
responsables políticos en cultura ha sufrido y sufre ,con raras
excepciones.
Pero no es este el momento de reproches ni de críticas.
Desde hace dos años un grupo de amigos de nuestro Arte, con los
cuales tengo el gusto de colaborar, decidieron trabajar por la cultura
de nuestro pueblo. Acordando formar una asociación cuyos fines ayudarán
a reavivar la tenue llama del Flamenco en nuestro pueblo.
*Promover y organizar conferencias, concursos, recitales,
así como ayudar y promover a profesionales y aficionados.
*Constituir una biblioteca y un archivo de grabaciones.
Y comprometiéndose con su gente en adecentar, restaurar
y crear la Casa Flamenca de Alcalá del Valle, en el solar del antiguo
lavadero, ayudando a embellecer y cuidar dicho rincón, quizás
uno de los pocos típicos andaluces de pueblo blanco que nos queda
y que hoy se encuentra en relativo abandono.
Una Casa en definitiva que quiere ser un pilar más
donde se apoye la actividad cultural de nuestro pueblo. Empresa doblemente
difícil: primero por su elevado coste económico y segundo
porque actualmente no está muy fuerte el espíritu asociacionista
en nuestro pueblo. Pero me gusta más creer que junto a estos amigos
de la Peña estará toda la afición flamenca y todos
los que en mi pueblo piensan que la Cultura hace más libres y tolerantes
a los pueblos.
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(C)
Centro de Estudios Alcalareños El Castillón
Apdo.
428 - C.P. 29400 Ronda (Málaga)
e-mail:
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Telf.
610 02 95 68
Última actualización de esta página, 15 de noviembre de 1999