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PASO 3
Recibiendo respuesta a la oración
Dios ha usado a cristianos consagrados para que
millares y millones se acerquen a Jesucristo. Ahora bien, ¿cuáles han sido
algunas de las características de estos hombres tan utilizados por Dios? En
todos los casos eran hombres de fe, de pureza, de oración. Por ejemplo, el
evangelista Moody (quien predicó el evangelio de Jesucristo a más de 100
millones de personas en su tiempo), pidió a Dios que moviera las montañas de
incredulidad en las almas de los hombres—y Dios contestó.
Este gran siervo del Señor dijo, refiriéndose
a la oración: "Las oraciones de algunos hombres tendrían que ser cortadas
en ambos extremos y avivadas con fuego en el medio."
¿Qué de sus oraciones? ¿Tienen fuego?
¿Llegan al oído de Dios? ¿Mueven los corazones de los hombres?
Permítame que brevemente describa la clase de
oración que Dios se deleita en responder. Si usted sigue estos principios, Dios
habrá de ungir sus oraciones con fuego celestial.
En primer lugar, debemos creer. ¿Cree usted
que Dios puede y está dispuesto a contestar sus oraciones? "Claro que
puede hacerlo," dice usted, "pero no estoy seguro de que El quiera
contestarlas." En Hebreos 11:6 leemos: "Sin fe uno no puede agradar a
Dios. El que quiera acercarse a Dios debe creer que existe y que premia a los
que sinceramente lo buscan" (BD).
La incredulidad es un problema tan serio como la falta de oración. Muchos
cristianos no creen que Dios en realidad les dará lo que ellos piden. No es de
extrañar, entonces, que sus oraciones carezcan de unción y de fuego de lo
Alto. La Biblia claramente enseña que Dios contesta las oraciones hechas con
fe.
En segundo lugar, debemos pedir. "Si no
tienen lo que desean, es porque no se lo piden a Dios" (Santiago 4:2 BD).
¿Recuerda usted la historia del ciego en el Evangelio de Marcos capítulo 10?
Ansiaba encontrarse con Jesús. Cuando el encuentro tuvo lugar, Jesús le
preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" Jesús quería que este
hombre le pidiera lo que deseaba. Dios anhela derramar sus bendiciones--sólo
tenemos que pedirle.
El ciego, entonces, fue directo en su pedido.
"Señor, quiero ver." El no anduvo con rodeos como a veces hacemos
nosotros. Tratamos de convencer y hasta de forzar a Dios con nuestros pedidos
largos y detallados, y nuestras explicaciones. Lo que necesitamos es cortar todo
el palabrerío y ser directos en lo que le pedimos. Eso es lo que llena de poder
y de fuego celestial nuestras oraciones.
En tercer lugar, debemos confesar el pecado. El
salmista escribió: "El no me habría escuchado si yo no hubiera confesado
mis pecados" (Salmo 66:18 BD). El pecado ahoga las llamas de la oración.
El pecado inconfeso extingue más oraciones de lo que imaginamos.
El Rey Saúl se angustió cuando al final de su
vida se dio cuenta de que Dios no respondía sus oraciones (1 Samuel 28:6). Saúl
había permitido que el pecado no confesado levantara una pared entre él y el
Señor. ¿Hay algo entre usted y Dios? Si lo hay, confiese sus pecados y
experimente otra vez en su vida la renovación de Dios en acción.
Muchos predicadores y evangelistas ungidos por
Dios iniciaron sus campañas de evangelización instando al pueblo de Dios a
orar. El fuego del avivamiento que hemos visto y estamos viendo en tantas
ciudades no es encendido sólo por los predicadores. Es encendido por las
oraciones de los cristianos que creen en Dios, confiesan sus pecados y ofrecen a
Dios oraciones que El se deleita en contestar.
Lo insto a hacer su parte desde este día,
y a recibir respuestas concretas del Señor. Comience a orar la clase de oración
que El se deleita en responder.
Tomado
del libro: DE LA MANO DE JESUS. Luis Palau, su autor, dice: "Pensé
en escribir este libro para mis nuevos hermanos en Cristo, para aquellos que
hace poco entregaron su vida al Señor Jesús—y también para aquellos que
hace tiempo tienen a Cristo en su corazón pero se han estancado en su
crecimiento espiritual.
En
estas páginas deseo presentar un plan de 52 pasos que, idealmente, debería
completarse en un año, es decir a razón de un paso por semana.
He
sido testigo de nuevos cristianos que quieren crecer, aprenderlo todo de golpe,
y poner en práctica todo inmediatamente. Y consecuentemente también he sido
testigo de la frustración de esos cristianos cuando se dan cuenta de que sus
planes no se concretan como ellos habían soñado.
Sucede
que en su entusiasmo un nuevo cristiano muchas veces reacciona como una persona
extremadamente hambrienta: se da un atracón que, por lo general, no resulta muy
beneficioso.
DE
LA MANO DE JESUS es un plan gradual, de conocimiento dosificado. Lea un paso
cada semana, medite en lo leído, trate de aplicarlo de manera práctica durante
esa semana, y procure incorporarlo definitivamente en su vida."
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