SIGLO XX
Durante la Segunda República, se barajaron dos posibilidades principales para la regionalización. En una, las provincias de Oviedo, León, Zamora y Salamanca, formarían la región asturleonesa; éste planteamiento, muy acorde con la etnología del País Leonés, no pudo llevarse a cabo por diversas razones: el nacionalsocialismo
cerealista de Valladolid, la brusca diferenciación asturiana que se concretó en su revolución... La segunda posibilidad consistía en una macrorregión formada por las provincias de Castilla la Vieja y León.
No se contempló la posibilidad de que el País Leonés pudiera ir solo: parecía destinado a la desaparición.
Pero lo que desapareció fue la República. Y la Guerra Civil supuso en el País Leonés una vuelta a la exclusiva organización provincial. A pesar de que los nacional -sindicalistas hicieron suya la "Castilla
Imperial" o "Gran Castllla", eran opuestos a las autonomías, de modo que las tierras leonesas siguieron conservando precaria y nominalmente su identidad como reino de León, articulado en tres Diputaciones cada vez más provincianistas y desvinculadas.
No existió unidad de criterio entre los leoneses que vivieron la Guerra Civil: la montaña minera del norte era
mayoritariamente republicana de izquierdas, mientras en Salamanca organizaba Franco el gobierno de la zona nacionalista de derecha. Como contienda civil que fue, la represión y la barbarie se enseñorearon de pueblos y ciudades. Parece que fue el centro, Zamora, la que más padeció, contabilizándose algunas decenas de miles de muertos.
En los primeros años de paz, el MAQUIS de los Montes de León, desde Asturias a las proximidades de
Zamora, continuo una guerrilla sin esperanzas.
Un nuevo y más tímido interés se desarrolló por los temas históríco y, etnológico, realizándose investigaciones continuadoras de las del alemán KRUGER. En 1950, el País Leonés
alcanza su máximo histórico de población, de todos modos muy bajo (1.200.000 hab., con una densidad de 30). Pero sigue por industrializar, fuerte y tradicionalmente ruralizado, lo que contribuirá a la rápida pérdida de habitantes al modernizarse las
estructuras. No faltaron tampoco las catástrofes que sembraron, cuando menos, malestar en la población: explosión de Peñaranda,
riadas de 1948 y 1962, rotura de la presa de Ribadelago, terremotos del comienzo de los 60, etc. Las décadas de los 60 y 70 contemplan la modernización del ambiente leonés,
disminuyendo la población rápidamente y creciendo las capitales de provincia con un
tremendo auge constructivo. La tímida oposición política al franquismo quiere sustituir la Gran Castilla por un universalismo con predominio de lo anglosajón o francés, pero pronto cae en
la Imitación del movimiento catalán uniendo la protesta a la nueva canción de Madrid. Mientras tanto, Valladolid sigue afianzándose como
centro económico e industrial del centro-norte peninsular, apoyado en su puesto de favor político, mientras se destruyen sistemáticamente las posibilidades de progreso industrial del País Leonés (supresión de feria del campo en Zamora sustituida por la de ---Castilla
y León--- en Valladolid, supresión de talleres de RENFE, ubicación en Valladolid del centro de distribución eléctrica de
las presas leonesas, y un largo etcétera), enmascarando tal situación con la presencia en nuestro territorio de esas grandes presas: se llegó a decir que Zamora en los 60 era la provincia con mayor crecimiento industrial gracias a ellas, cuando en realidad había perdido 50.000
hab, y era la menos industrializada (lo sigue siendo) de toda España.
  
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