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EDAD MODERNA
Nos parece anacrónico pretender que entonces hubiera nacionalismos o regionalismos semejantes a los
actuales. La feudalización y el auge de las ciudades burguesas hacía que los ejércitos no tuvieran conciencia de nación, sino de vinculación a una ciudad o a un señor. Esto se demuestra fácilmente cuando Isabel y Fernando homenajean a la bandera del
concejo de Zamora, no a la del reino de León ni a la de Castilla, ni a la cuartelada, que hubiera sido homenajearse a sí mismos, por la batalla de Peleagonzalo.
Se asiste, pues, al nacimiento de una llamada nacionalidad, que en principio no es tal, sino meros territorios desiguales, dominados por un solo señor cada vez más
autoritario, y absoluto. Es la unión de las coronas llamadas de Castilla y de Aragón.
ISABEL I La Católica, casada con FERNANDO de Aragón domina los levantamientos nobiliarios apoyándose en los comunes de las ciudades (concejos) favoreciendo entre los leoneses a Toro, Zamora y Salamanca. De las primeras imprentas españolas, una se instaló en Salamanca y otra en Zamora, donde sobresalió el primer impresor notable:
ANTÓN DE CENTENERA. Toresanos influyentes fueron DIEGO DE
DEZA, Arzobispo de Sevilla, Inquisidor General, confesor de los reyes, catedrático de Salamanca, maestro del heredero, Juan. que murió en
Salamanca;
este fraile fue el que, según algunos, convenció a la reina para preparar el viaje del descubrimiento de Colón, y de Toro salió el vino que llevaron en el primer viaje a América; el primer presidente del Consejo de Indias fue el también toresano ALONSO DE FONSECA.
La conjuración del converso GABRIEL DE ZAMORA fue el pretexto para la expulsión de los judíos (1492), saliendo del País Leonés cerca de 100.000, con lo que la artesanía y los negocios de nuestras ciudades comenzaron una decadencia definitiva.
En 1504 muere Isabel y la heredera es JUANA, apodada la Loca. Al año siguiente se reúnen cortes en
Toro, promulgándose las famosas LEYES DE TORO, leyéndose el testamento de la reina que incluye las Ordenanzas de Indias. Fernando de Aragón ejerce de regente hasta la llegada desde Bélgica de Juana y su esposo Felipe, hijo del Emperador alemán. En Salamanca habían acordado compartir los tres la regencia de los reinos de León y de Castilla,
etc., pero tras el encuentro de Asturianos, Fernando renuncia a la corona castellana,
etc. (Tratado de Villafáfila) y se retira a Aragón, a pesar de que el pueblo leonés le demuestra su afecto. Las ciudades continúan enfrentándose por la
supremacía, e incluso dentro de cada una surgen bandos nobiliarios y burgueses,
por el poder en ellas. Este proceder es común en la Italia de la época, por ejemplo. Tras la repentina muerte de Felipe el Hermoso, el obispo de Zamora, ACUÑA, se fortifica, apoyado por el CONDE DE BENAVENTE, pero terminan aceptando como regente, de nuevo, a Fernando el Católico. Al morir este rey, Zamora se niega a acatar las órdenes de Cisneros, Cardenal regente, pero termina cediendo.
  
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