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SIGLO XIX
El ejército francés encuentra nutrida respuesta popular en nuestras tierras: León, cabeza ya solo nominal del
Reino, les declara la guerra el 24 de abril de 1808, antes que ningún otro país peninsular, y los guerrilleros surgen por doquier. JULIÁN SÁNCHEZ, El Charro, por tierras de Ledesma, Sayago y Aliste; JOSÉ MARíA VÁZQUEZ, El Salamanquino, por Sanabria;
RÍOS en Fuentesaúco, son los tres más conocidos.
El 1 de junio de 1808 se crea la Junta Superior del Reino de
León, dando orden el capitán General de Valladolid (general Cuesta) que se
disuelva y se integre en la Junta Superior de Castilla la Vieja. La junta
leonesa acordó, por unanimidad, rechazar la orden. Cuesta ordenó la
detención de los diputados leoneses en Tordesillas cuando se trasladaban
a Madrid, para incorporarse al nuevo órgano de gobierno español (Junta
Central) siendo encarcelados en el alcázar de Segovia. La Junta Central ordenó
liberar a los detenidos acogiendoles en su seno como representantes del Reino de
León, rechazando las pretensiones de la Junta de Castilla la Vieja y del
Capitán General de Valladolid.
Se libran las batallas de Ciudad
Rodrigo, Zamora, El Maderal, Astorga, Morales de Toro y Castrogonzalo, siendo la más famosa y crucial la de
ARAPILES, junto a Salamanca, el 22 de julio de 1812. Napoleón atraviesa desde Villalpando hasta Villafranca del Bierzo y el inglés
Wellington penetra por Ciudad Rodrigo hasta Morales de Toro, emulando ambos a
Anibal y a Augusto.
Pero, el País Leonés, como de costumbre, no sacó beneficio alguno. Tras las Cortes de Cádiz se establecerá gradualmente otro
tipo de representatividad en los asuntos públicos y las elecciones se harán cada vez menos
restrictivas, se iniciarán las facciones o partidos políticos, con la confusión e intensidad que en el resto de España: levantamiento de 1820, sociedades secretas, Motín de Toro de 1821, guerrilla de El Empecinado que llega a ser gobernador de Zamora, quema de los restos de los comuneros en esa misma ciudad en
1825, todos ellos de diverso o enfrentado signo.
En 1836 se hace una nueva división de España en reinos y provincias a cargo de Javier de Burgos. Se establece así que EN
El REINO DE LEÓN ESTÁN LAS PROVINCIAS DE LEON, SALAMANCA Y ZAMORA, casi con los límites actuales. Todas las facciones lo aceptan, pues en el país han de convivir necesariamente cada una de las tendencias. Desde esa ordenación provincial se afianza el provincianismo, ya con antecedentes en el ahora llamado Antiguo Régimen (el de los reyes sin parlarnento) en torno a ciudades con voto en Cortes y que van centralizando el comercio, los servicios y la mayor parte de la escasa industria naciente, además de tender a ser nudo de
comunicaciones. Las Diputaciones de las tres provincias leonesas carecieron casi siempre de voluntad política
integradora, siendo dominadas por la economía cercalista de Valladolid y por su superior potencia en comunicacíones e industria. Esa ciudad, que nació leonesa, fue olvidándose de sus orígenes para llegar a arrogarse la esencia y la dirección de una cuenca del Duero convertida en falsa
Castilla, sin tener en cuenta las diferencias de todo tipo que separaban y seguirán separando al País Leonés
y a la auténtica Castilla.
Pero lo cierto es que en esa época nace el diario "Norte de Castilla" en Valladolid, para defender los intereses
cerealistas, y esta ciudad acoge con la línea férrea de Madrid a Francia lo más nuevo, las modas, la forma de vPar de
Europa, la élite política y, económica, de modo que parece indiscutible capital del Duero. Lo demás no le
interesa, y los políticos y los burgueses recién ascendidos, lo ignoran, repitiendo: "Que llueva en Valladolid haya guerra en
Sebastopol", para vender el cereal .
El trazado de comunicaciones en el País Leonés es posterior al de Castilla y como en ésta, incompleto. La única mejora se produce con la creación del eje transversal norte-sur, de Astorga a Extremadura, que ha sido suprimido recientemente, o sea que en esto estamos como hace 100 años. La apertura de explotaciones mineras es deficiente y lenta, así como el establecimiento de industrias. La población de las capitales de provincia aumenta constante pero muy lentamente, aunque también aumentan los pueblos y villas, conforme reciben una mejora en la red de carreteras. A fin de siglo se crea la primera fábrica de luz en el "Porvenir de
Zarmora".
Del romanticismo, movimiento liberal, brotan en Europa todos los nacionalismos. Algo tardíamente, en
tierras leonesas, contamos con el principal novelista romántico español, que toca temas leoneses: GIL Y CARRASCO, autor de EL SEÑOR DE BEMBIBRE y MEN RODRíGUEZ DE SANABRIA. Al estilo de Walter Scott, pues no en vano ambos relatan hechos de países relacionados con el celtismo, Gil y Carrasco se interesa por la época final del Medievo, en concreto y
precisamente, por el fracasado largo intento de separación leonesa de la corona castellana, sin hacer interpretaciones políticas y redactando sus obras en castellano. Tal vez por estas dos últimas características de su obra, los leoneses no se interesaron demasiado por estas obras ni por su identidad nacional. Sin embargo, comienza un
renacimiento de la lengua leonesa, escribiendo en dialecto extremeño el autor mas conocido: GABRIEL Y GALÁN;
paradójicamente, cuando se trata de temas de su Salvatierra originaria, usa el castellano: a tanto había llegado la desconcienciación del País Leonés. Otros escritores, a caballo entre el siglo XIX y, el XX, son
Cayetano BARDÓN, en leonés de Cepeda, y Luis MALDONADO, en leonés charruno, tal vez el mejor entre una auténtica pléyade. El pueblo
participa, sobre todo, organizando "funciones" de teatro con entremeses en leonés. Políticamente, sin
embargo, la vinculación de las tierras leonesas a Castilla es poco discutida, admitida
casi universalmente.
Por otro lado, también del romanticismo surge un movirmento más extremo: el anarquismo. En tierras leonesas, donde el colectivismo y el personalismo son dos constantes históricas,
las ideas anarquistas alcanzan gran difusión y relieve, que se prolonga durante todo el siglo XX. Salamanca intenta formar
cantón autónomo en la primera república, no se siente por tanto nada
castellana, y, en esta misma época algunos leoneses protestan de que la división regional que se propone y no llega a cuajar no contemplaba la existencia del País Leonés, uniéndonos con
Asturias.
Tras la restauración de la monarquía borbónica, con ALFONSO XII los nobles leoneses juegan un papel de favor en la corte (MARQUÉS DE ALCAÑICES), mientras los
burgueses adinerados siguen moviendo desde Valladolid la trama Político- económica del clientelismo y el caciquismo.
  
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