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Al sur,
entre Porrúa y los contrafuertes de la cercana sierra de Cuera, se encuentra
Mañanga,
un conjunto de prados, pequeños cerros o cuetos, y dolinas o jogos, paisaje
singular diferenciado de las erías, más comunes en la marina de Llanes.
En
cualquiera de los senderos que atraviesan Mañanga coexiste esa fantástica
combinación que brindan los silencios profundos con el repiqueteo de las
esquilas o lloqueros, los cantos de cucos, mirlos, petirrojos, zorzales y ruiseñores;
o el murmullo de las fuentes y pequeños torrentes, que surgen de las rocas
calizas y vuelven a esconderse en escasos metros. Encinas, robles y castaños
centenarios, sobre un mar de helechos, brindan sombra al caminante y
proporcionan infinitos matices de verde, que se tiñen de ocres, rojos y
amarillos al comenzar el otoño. Nogales, avellanos, manzanos y cerezos; acebos,
abedules y alisos; viven armoniosamente con el boj, el brezo, las zarzamoras y
los tojos.

Según sus intereses o
gustos, a pie o en coche, podrán dirigirse hacia la costa para descubrir
cualquiera de las más de treinta playas del municipio de Llanes; encaminarse
hacia la Sierra de Cuera –tan cercana que sus montes parece que puedan tocarse
con la mano– o a los Picos de Europa y a los lagos de Covadonga; o,
sencillamente, pasear por cualquiera de los caminos que rodean Porrúa.
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