La
economía del norte de Marruecos se basa en tres fuentes principales
de ingresos:
- las divisas
que aportan los emigrantes a Europa
- el contrabando
de hachís
- la agricultura
de subsistencia
Las dos primeras
generan unas rentas que circulan poco al inmovilizarse en los bancos o
en la construcción. La agricultura y la ganadería solo abastecen
el autoconsumo, ya que no producen suficientes excedentes que puedan ser
comercializados.
En el Rif central
el sector primario es casi exclusivo, con la excepción del turismo
en Al Hoceima y Chefchaouen. Las provincias de Tetuan y Nador disponen
además de agricultura de regadío, una cierta industria, una
intensa actividad constructiva y el contrabando procedente de Ceuta y Melilla.
La mayoría
de la población activa depende del campo, a pesar de la escasa productividad
agraria. Este empleo primario se realiza como ayuda familiar, ya que solo
el regadío y el kif necesitan mano de obra asalariada. La industria
tampoco es todavía generadora de mucho empleo, salvo en Tetuan.
El sector de servicios está creciendo al acoger a los emigrantes
que se trasladan a los extrarradios de las ciudades.
Las zonas urbanas
acumulan mayores tasas de paro e inactividad que la montaña, pero
en las zonas rurales se da un alto subempleo ya que el frecuente empleo
de todos los miembros de la familia no se corresponde con la producción
final agraria.
Las condiciones
climáticas, hidrológicas y los suelos definen tres tipos
de agricultura:
- Regadíos,
en las cuencas de los ríos Moulouya, Kert, Nekor, Laou y Martil.
- Bour favorable,
en las provincias de Tetuan y Chefchaouen con precipitaciones superiores
a los 500 mm.
- Bour no
favorable, en las provincias de Al Hoceima y Nador con menos de 500 mm
y suelos erosionados.
La distribución
de la superficie agraria indica un predominio de los cereales, seguido
del olivo, las leguminosas, las forrajeras, maraîchages, amandiers
y agrumes
La productividad
de casi todos los cultivos es igual o inferior a la media de Marruecos
y en torno a la mitad de la que se obtiene en Andalucía. Los cereales,
que son el producto básico para la alimentación de la mayoría
de la población, están disponibles solo en un 80 % respecto
al resto de Marruecos.
Caso especial
es el cultivo del cannabis, que ocupa una extensión que oscila entre
las 65.000 has de los años secos y las 134.000 has en los lluviosos.
Es además un cultivo en expansión por su buena adaptación
a los suelos de montaña y por su alta rentabilidad, una vez transformado
en resina de hachís. Su producción de unas 47.400 tm anuales
aporta 214 M $ a la economía del Rif. Esto supone siete veces más
que el resto de la agricultura y la ganadería y con tendencia creciente.
El valor de
la producción final agraria –salvo el kif- puede ascender a unos
1.400 millones de Dirham al año, lo que supone unos 6.300 Dh por
cada persona activa, aunque con grandes diferencias entre los 17.000 de
los regadíos y los 3.500 de la montaña. Unas cortas rentas
que explican la escasa monetarización de la economía rural.
La agricultura
es una actividad que emplea a gran cantidad de población en pequeñas
parcelas familiares que solo producen para el autoconsumo. Se trata de
una agricultura promiscua que intenta minimizar los riesgos diversificando
los cultivos de trigo para panificar, leguminosas, forrajeras para el ganado,
cannabis para vender y algún frutal. Es una estrategia de subsistencia
adaptada a un medio difícil y a la escasa capitalización.
El uso forestal
del suelo domina en la Gomara y el Rif, donde la mitad de su superficie
está ocupada por el bosque. En cambio la zona de Al Hoceima y Nador
ha sufrido un intenso proceso de deforestación, erosión y
desertización
El bosque mediterráneo
de encinas y alcornoques predomina en Chefchaouen, mientras que los pinos
dominan en la parte oriental. Los bosques de mayor riqueza biológica
son las 16.000 has de cedros en Ketama y las 4.000 de abies en Talasemtane,
que se benefician de los más de 1.800 litros de precipitación
en la Dorsal Rifeña. En la provincia de Nador las precipitaciones
bajan a 350 mm, destacando la suberaie de Jbel Karn y los pinos de Alepo
de Afsou.
La abundancia
del matorral mediterráneo de coscoja, tanto en la mitad oriental
como en la banda costera, indica la degradación del bosque original
por su intensivo uso como combustible. Es esta función de fuente
energética el principal valor productivo del bosque.
La ganadería
supone la principal fuente de ingresos para la población rural.
En la zona de montaña el ganado aporta hasta 5 veces más
que los cultivos. Especialmente en la parte occidental la ganadería
es muy productiva porque la pluviometría permite el cultivo de plantas
forrajeras para completar su alimentación.
El cuidado
del ganado es la principal dedicación de los niños. Este
factor explica otros fenómenos como la alta tasa de actividad agraria
o los bajos índices de escolarización. La aportación
económica del trabajo infantil resulta fundamental para las economías
familiares.
El ganado cabrío,
con casi medio millón de cabezas, es tan abundante en el medio rural
como las personas. De las cabras se obtiene en primer lugar leche y en
menor medida carne. Por su adaptabilidad a la aridez tiene una gran presencia
en la parte oriental.
Las ovejas
son la segunda especie en importancia, con un cuarto de millón de
cabezas. Su valor económico está en su abundante lana, seguido
por la carne.
El ganado bovino
corresponde a una especie autóctona de escaso tamaño, lo
que permite su estabulación dentro de las propias viviendas. Su
producción lechera es corta, aunque de gran calidad.
Los équidos
conservan su tradicional importancia como medio de transporte. Sin embargo
los caballos han descendido mucho desde la época de las “harcas”,
quedando gran cantidad de mulos y asnos.
La pesca es
una actividad tradicional en la costa mediterránea de Marruecos.
Además de los atunes que cruzan por el estrecho, es abundante la
pesca de bajura mediante pequeñas barcas llamadas “pateras”. Este
escaso tonelaje de las embarcaciones hace que los puertos sean numerosos
y pequeños. Además de los puertos de M´Diq, Al Hoceima
y Nador, hay fondeaderos en Martil, Oued Laou, Jebha y Cala Iris.
A pesar del
agotamiento de los caladeros, la producción crece en los últimos
años por el aumento de potencia de los barcos. Aún así,
su producción supone solo el 15 % del total nacional.
En la fachada
mediterránea el 98 % de esa producción se consume en fresco,
por la falta de infraestructuras de conservación. Incluso sucede
que el pescado que consume la población del interior, y en particular
en las estribaciones prerifeñas, proviene de Tánger.
La industria
tiene una escasa importancia, tanto en términos de empleo como de
producción. Solamente las ciudades de Tetuan y Nador cuentan con
una cierta industria. Las industrias de Nador ofrecen una más alta
productividad, pero Tetuan cuenta con una creciente implantación
en parte por la deslocalización de empresas españolas. En
todo caso, la industria marroquí sigue concentrada en Casablanca,
donde se aglomera la mitad del sector secundario.
Las industrias
del norte son de reducido tamaño, como indica el que frente a la
media nacional de 71 trabajadores por empresa, en Tetuan baja a 55 y en
Nador a 27. Es además una industria poco mecanizada que a veces
se acerca al sector de la artesanía.
En Tetuan conviven
las antiguas industrias anteriores a la independencia, productoras de cemento,
azúcar o papel, con nuevas implantaciones de fábricas textiles
atraídas por la abundante mano de obra femenina. En Chefchaouen
la industria es inexistente y en Al Hoceima solo destacan 2 fábricas
de pescado y 4 de materiales de construcción. Nador en cambio alberga
industrias agroalimentarias, de construcción, de béton en
fer , de conservas de pescado, una azucarera y la única mina del
norte, la de hierro de Seferif.
La artesanía
es una de las principales riquezas económicas y culturales de Marruecos.
Sin embargo en el norte la artesanía de tradición amazigh
se perdió en gran medida, no como en el Atlas, ante la difusión
desde Tetuan del estilo andalusí. Los talleres suelen estar ocupados
por un maestro y dos aprendices y realizan en un 90 % la venta directamente
en el taller o en el zoco.
En Tetuan y
Chefchaouen los artesanos tradicionales han formado la cooperativa Scamatec
como sociedad de garantía recíproca para los suministros
de materias primas y solicitudes de créditos. En Tetuan se cuenta
con centros de formación especializados y con una buena red de comercialización,
llegando a ocupar a más de 20.000 personas. En Chefchaouen la expansión
actual de la artesanía, sobre todo cerámica y textil, va
ligada al turismo. En Al Hoceima no existen redes de comercialización,
destacando el trabajo de la madera en Tagzouth y Bni Boufrah y el cuero
en la tribu Tamasint.
La construcción
es uno de los sectores económicos más importantes en términos
de empleo y valor, creciendo su importancia muy por encima de la media
marroquí. La principal razón de este crecimiento está
en los emigrantes en Europa que se construyen su residencia secundaria.
También funciona este sector como refugio de los capitales procedentes
del contrabando de hachís.
Hoy se vive
un auténtico “boom” de la construcción, sobre todo en Nador
–entre Selouane y Bni Anzar-, en la vega del Nekor –entre Ajdir y Al Hoceima-
y en la provincia de Tetuan –entre Ceuta y Martil-.
El turismo
es en el conjunto de la economía marroquí un sector en expansión,
pues aunque solo represente un 1,5 del producto, viene creciendo a un ritmo
anual del 20 %. Pero este turismo solo se potencia en las cuatro villas
“imperiales”, mientras que no se favorece ni el litoral ni la montaña.
La zona amazigh de Agadir, el Gran Atlas y el valle del Draa están
despuntando como destino del turismo rural a pesar de la falta de promoción.
El norte de
Marruecos tiene grandes potencialidades derivadas de su cercanía
a Europa, las buenas playas, el paisaje de montaña y sus particularidades
culturales.
La infraestructura
hotelera es escasa y concentrada en Tetuan. Son más abundantes las
pensiones sin calificación, sobre todo en la zona oriental. Estos
alojamientos albergan a una numerosa población local en tránsito,
no propiamente turística.
Los principales
polos turísticos se concentran en la costa de Smir y en la de Ajdir,
dos enclaves ya descubiertos en los años 60 por el Club Med. Últimamente
está creciendo un cierto sector de turismo rural en torno a Chefchaouen.
El comercio
es uno de los pilares de la economía del norte, sobre todo por el
contrabando desde Ceuta y Melilla. Pero el comercio no se limita a los
grandes núcleos urbanos, sino que en el medio rural hay una gran
proporción de comerciantes que se dedican a la venta ambulante con
sus camiones. También funciona una densa red de zocos semanales
que en los principales douares reune a los agricultores de los alrededores.
El aprovisionamiento
de productos es regular, con la excepción de algunos productos como
la harina, el té, la mantequilla importada o el gas butano. En general
el comercio sigue siendo muy estacional, concentrándose en los meses
de verano.
El sistema
financiero es el destino final de gran parte de las rentas obtenidas en
los sectores productivos. Los depósitos bancarios suponen un volumen
equiparable a todo el producto bruto anual, llegando a duplicarlo en provincias
como Nador. De algún modo Nador funciona como destino del dinero
procedente del contrabando, el kif y las remesas de los emigrantes.
Pero solo como
destino inicial, porque estos fondos no se reinvierten en la zona. Los
bancos concentran sus créditos e inversiones en Casablanca, la única
ciudad marroquí que recibe más créditos que depósitos.
Así se produce una transferencia neta de 11.000 millones de Dh al
año desde el norte de Marruecos hacia Casablanca.
Por tanto,
la economía del norte de Marruecos es capaz de producir un importante
volumen de excedentes, si bien basados en la emigración y el contrabando.
Sin embargo este capital no es puesto al servicio del desarrollo endógeno,
sino que se desvía hacia el centro económico del país.