LA CALETA DE CÁDIZ
Sobre los cantiles del viejo puerto fenicio,
a la luz rosada del atardecer crepuscular,
espejos de tonalidades violetas
inundan con sus destellos,
estos últimos instantes vespertinos.
Hora mágica en que la rugosidad
de la piedra ostionera,
materia viva en manos hábiles,
amalgama de ocre arena y
microscópicos seres muertos,
adquiere su mas oscura intensidad
al perfilar su silueta sobre el horizonte,
donde poco a poco el negro
manto de la noche
va expandiendo su etéreo velo
para sumir en la inconsciencia,
la mente de los seres humanos.
Solo es...bajamar en La Caleta.
Francisco José Rodríguez Andrade
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