Página dedicada en especial a L. Alonso, por sus sugerencias a la hora de realizar este proyecto.
El año 1947 marca un hito dentro de la historia contemporánea de la ciudad de Cádiz. Es un año que dejara profunda huella y resonancia en el colectivo de la misma, motivado por un aciago e inesperado acontecimiento que servirá de punto de inflexión para la expansión progresiva de la urbe mas allá de sus históricas murallas.
Aun cuando la población gaditana crecía progresivamente desde los años 30, esta raramente sobrepasaba el perímetro histórico secular al que la ciudad se hallaba casi estrictamente constreñida. Fue a raíz del acontecimiento antes mencionado, la explosión de un arsenal de la marina en ese año de 1947, el que configure la dinámica urbanística de ahora en adelante. La explosión arrasa completamente el barrio de San Severiano y deja gravemente maltrechas algunas de las otras construcciones que se situaban a extramuros de la ciudad. El casco histórico, amparado en la protección que ofrecía su circuito amurallado, apenas revistió daños de mucha importancia.
Bajo la dirección edilicia de José León de Carranza, Cádiz inicia su reconstrucción tras el desastre. La ciudad es asignada al régimen de ciudades devastadas y en 1950 es aprobada la primera ordenación global prevista fuera de las murallas, para una población aproximada de unos cincuenta mil habitantes.
Se reservaba en este plan, una zona industrial situada entre el eje ferroviario y la parte que daba hacia la bahía. A lo largo de toda la que es hoy Avenida de Andalucía se ubicarían los barrios residenciales: zonas alta, media y baja, hasta la Avenida Marconi y ciudad jardín hasta el estadio. Aunque al final el plan fue vulnerado en sus planteamientos, ya desde sus inicios.
La mayor parte del terreno estaba ocupado muy dispersamente, por villas de recreo con amplios jardines y huertas con puntos industriales a lo largo del arco de la bahía. El valor del suelo según su ubicación marcará el criterio conformador de la ciudad emergente, situándose las barriadas mas populares en las zonas cercanas a las industrias y las mas pudientes en torno a la avenida y toda la costa de playa.
En 1950 el hacinamiento del casco histórico era un hecho mas que evidente, con una población de cien mil almas viviendo en su interior. El afán de acabar con ese problema de espacio lleva a plantear un proyecto de derribo del Barrio de Santa Maria y el consiguiente desplazamiento de aproximadamente trece mil vecinos hacia los nuevos asentamientos de extramuros, pero el proyecto no llega a su consolidación definitiva.
Constituye, también en estos años de la década de los cincuenta, una pieza importante de la actuación en extramuros, la ubicación de determinados equipamientos fuera de las Puertas de Tierra, a lo largo de la avenida principal y zonas circundantes. Se amplia el puerto y se rodea de la verja que actualmente lo separa del resto del casco urbano. Se realizan rellenos en astilleros y en la nueva zona franca y su puerto.
Se realizan planes de viviendas a todo lo largo de la línea férrea, intercaladas entre las industrias y edificaciones dispersas ya preexistentes, mientras que la alejada barriada de Puntales se consolida como tal.
Dentro del casco antiguo, las actuaciones serán de una entidad mucho menor, sobre todo en la zona del Campo del Sur y La Caleta.
Para finalizar, podemos decir que, durante estos años, lo que en definitiva se desarrolla es toda una política estratégica, con el fin de ir ocupando todo el vacío existente, en la zona de extramuros de la ciudad y que servirá de expansión y desahogo de la misma, ante la superpoblación evidente de la ciudad histórica. Expansión que se realizara, sobre todo, tendiendo a realojar a las clases populares en esas nuevas zonas y que serán la avanzadilla, para la configuración del desarrollo de épocas posteriores, en zonas reservadas ya, a esas alturas del momento, para personas de un nivel social medio y alto.
Francisco J. Rodríguez Andrade.