La fisonomía que presentan vistas desde el cielo, Cádiz, su bahía y el entorno que las rodean, hacen que no pasen desapercibidas para quien, por primera vez, tiene oportunidad de contemplarlas desde las alturas. Una fisonomía a todas luces singular y sugerente, fruto por un lado de los agentes naturales a los que toda geografía se ve sometida y por otro, a los cambios producidos a lo largo del tiempo transcurrido, desde la mas remota antigüedad, hasta nuestros días.
Sobre la topografía originada a lo largo del tiempo geológico por el antiguo paleo cauce del río Guadalete, se extiende un laberíntico y serpenteante dédalo de caños marinos sometidos a las rítmicas y diarias dinámicas mareales, dando conformidad paisajística a un entono sumamente presionado por la acción antrópica, pero al que dicha presión, no resta ni un ápice de sus valores naturales y visuales, creando un espacio natural protegido, en el que el hombre y sus necesidades intentan convivir, a veces de manera afortunada y otras no tanto, con el espacio reservado a la vida natural.
Francisco J. Rodríguez Andrade.
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