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Campeche en la Colonia
¿SABIAS QUE...?
Después del Virrey y el Gobernador de la Provincia de Yucatán, la máxima autoridad en Campeche durante la Colonia fue el Teniente del Rey, quien tenía su residencia en el Centro de la ciudad de Campeche.
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La Colonia en el siglo XVII

Volver a la introducción | El siglo XVIII

Antecedentes

Poco después de la Conquista, empezaron a arribar al puerto de Champotón los primeros evangelizadores: fray Diego de Landa, fray Juan de la Puerta, fray Luis de Villalpando, fray Diego de Béjar y fray Melchor de Benavente. Ellos iniciarían la evangelización en Campeche, Calkiní, Champotón y Mérida. También fungieron como educadores, enseñando a los indios las letras y los números.

En el año de 1543, se creó la Audiencia de los Confines de Guatemala. Al año siguiente, Yucatán se incorporó a dicha institución. Campeche, Champotón, Hecelchakán y Calkiní se empiezan a poblar de españoles. Las regiones de los Chenes y la selva campechana quedan como zonas rurales, donde los pueblos indígenas eran sometidos a encomenderos españoles.

En el Barrio de San Francisco Campechuelo se funda un convento franciscano, por lo que posteriormente sería conocido como Barrio de San Francisco. A su alrededor, los europeos ricos y los mayas sojuzgados levantan sus casas. En 1546 se fundó en Calkiní un convento de la misma misión franciscana y para 1565 se crea el convento de San Román en Campeche. En esta época se instaló un ingenio de azúcar en Champotón, el primero del sureste.

En 1548, un año después de terminada oficialmente la Conquista de la península yucateca, el territorio de Yucatán se anexa al virreinato de la Nueva España, quedando como provincia. Poco después se dividió en cuatro cabeceras: Mérida, Valladolid, Campeche y Bacalar. El mismo año Campeche es reconocido como parte de la Capitanía General de la Provincia de Yucatán.

Francisco de Montejo "El Adelantado" ordenó que los pueblos mayas dispersos en la cabecera de Campeche se congreguen en una gran ciudad y mantuvieran San Francisco de Campeche como la capital de la cabecera. Los vecinos de Campeche, culparon a "El Adelantado" de abusos de autoridad, por lo que el Rey de España lo destituyó de su cargo de gobernador el 13 de mayo de 1549.

En 1550, Yucatán pasó a manos de la Audiencia de los Confines de Guatemala y quedó en manos del oidor Blas Gota, mientras que los tres Montejo era destituidos de sus títulos y cargos. Unos meses más tarde, el gobierno pasó a manos de Francisco Herrera, oidor de la Audiencia de la Nueva España, y a finales del mismo año, Su Majestad Carlos I de España nombra Gobernador de la Provincia de Yucatán a Gaspár Juárez de Ávila. En el año de 1560, por decreto Real, la provincia de Yucatán pasó de manera definitiva a ser territorio de la Nueva España.

En Campeche, Champotón, Calkiní y Hecelchakán seguirían construyéndose casas e iglesias coloniales de estilo barroco. En el año de 1660 se concluiría la construcción del Templo de Guadalupe, segunda iglesia dedicada a la Virgen María de Guadalupe en México.

Así es como se considera el poder político en Campeche. Cerca de la parroquia de la Concepción, se empezaron a crear nuevos edificios para los españoles ricos (empresarios, sacerdotes, soldados), todos ellos construidos con manos indígenas. Campeche se empieza a poblar con europeos sedientos de fortuna, los derechos y privilegios se obtenían por el simple hecho de ser español, los penínsulares podían obtener gratuitamente esclavos, tierras y casas. Mientras que un zapatero, herrero o campesino español que residía en España era considerado dentro de la "clase baja", podía obtener en la Nueva España fama y fortuna y conventirse en un poderoso encomendero o hacendado.


La Encomienda

Con la decepción española de no encontrar oro en la Península Yucateca, la población fue el principal botín de los conquistadores. Los indios sometidos fueron llamados Esclavos de Rescate y considerados como botín de guerra podía ser vendidos o esclavizados. El argumento de los españoles era que los indios ya eran esclavos de sus caciques y señores y que su liberación era el retorno a las prácticas paganas y el abandono de la verdadera fe.

El Rey de España se tuvo que enfrentar a un dilema: por un lado debía enfrentar las críticas de la Iglesia y otras potencias europeas por el exterminio masivo y la esclavitud de los sobrevivientes indígenas; y si abolía la esclavitud y el comercio de indígenas, se veía en problemas con sus súbditos. La solución fue la abolición de la esclavitud por un lado, pero además estableció los mecanismos legales de apropiación del trabajo y recursos indígenas para no enfrentarse a los españoles.

En 1542, el Rey proclamó las llamadas Leyes Nuevas, que establecían la libertad de los indios como súbditos de la Corona Española, y que desde entonces no se podría convertir a esclavo a ningún indígena bajo ninguna circunstancia, y la persona que transgrediera estas leyes sería castigada con la pena de muerte. La ola de protestas llegó a la corte peninsular de inmediato, acompañada de fuertes amenazas de despoblar y abandonar las posesiones de ultramar.

Así la esclavitud fue legalmente abolida, pero continuaría a través de otros medios. A quienes contribuyeron a acrecentar los dominios del Imperio Español, se les premió con la servidumbre indígena traducida a Encomienda, Repartimiento y Servicios Personales; mecanismos básicos en la estructura económica colonial por medio de los cuales se regirían las relaciones entre naturales y europeos, y los servicios que los primeros debían prestar a los segundos.

A través de la Encomienda, un número de pueblos de indios quedaba sujeto o "encomendado" a un español, a quien tributarían en especie (cera, mantas de algodón) y trabajo. Los servicios eran desde labores agrícolas y domésticas, hasta obras de construcción (iglesias, calles, puentes), sostenimiento de viudas y blancos pobres, y amamantar a recién nacidos.

Esta legislación vino acompañada de un reordenamiento de la población. Muchos asentamientos prehispánicos desaparecieron como tales, otros sobrevivieron y acrecentaron su población con los reubicados, dando paso a un nuevo orden geopolítico en función de la economía colonizadora. No todos los pueblos indígenas fueron encomendados, algunos quedaron bajo la jurisdicción real y recibieron el nombre de pueblos de la Real Corona.

Una de las primeras encomiendas que el rey de España concedió en territorio campechano, fue la región llamada Acalán Tixchel, hoy conocida como la zona de los ríos (Candelaria, San Pedro, Mamantel); en 1553, la población del área había descendido de manera dramática, en opinión de algunos estudiosos, en un 96%, de 50,000 al momento del contacto, a 500 tributarios que se registraron en la tasación de aquella fecha. Unos se internaron en las selvas adyacentes, y muchos otros fueron tomados como esclavos y vendidos.

La población indígena era el factor esencial para la ocupación de los territorios; aquellos con mayor número de habitantes eran más preciados; en la península de Yucatán, las zonas comprendidas entre Mérida, Valladolid e Izamal, y Maxcanú, Calkiní, Hecelchakán y Tenabo, y los alrededores del puerto de Campeche, fueron las más codiciadas por los conquistadores; por el contrario, las selvas y los pueblos más alejados de los asentamientos españoles, fueron considerados como tierra inhóspita por los extranjeros, y como zona de refugio, libre de tributos y cruces en la espalda por los mayas que encontraron en la huida el mejor mecanismo para librarse de las pesadas cargas impuestas por aquellos.

Esta circunstancia marcó las diferencias fundamentales en la conformación de la sociedad colonial regional. Fue notoria la desigualdad entre el puerto de Campeche y otros centros urbanos peninsulares, en cuanto al número de encomiendas; la tasación de 1549, reportó 36,870 indios tributarios para el territorio jurisdiccional de Mérida, 15,094 para el de Valladolid, y 5,820 para San Francisco de Campeche.

Estas zonas sirvieron de base para congregar a la población indígena y tener un mejor control de ella, cobro de tributos, conversión religiosa, proximidad de la fuerza de trabajo, etc. Algunos encomenderos prefirieron incluso perder sus encomiendas poco pobladas y centrar su atención en aquellas zonas populosas.

En Campeche, los españoles prefirieron establecerse alrededor del puerto y recongregar a los indígenas cautivos en los pueblos indios circunvecinos, como Chiná, Pocyaxum, Hampolol, Hool, Sihochac, Castamay, Lerma; o bien en la zona conocida como Camino Real (Calkiní, Hecelchakán, Becal, Tenabo), en donde la población indígena era mayor. Por el contrario, las zonas selváticas como la de Acalán Tixchel, La Montaña, Sahcabchén, y Los Chenes, quedaron como territorios inhabitados, con interés más para los frailes y su tarea evangelizadora que para los encomenderos. Para 1607, la Minuta de Encomenderos arrojó la cantidad de 5,000 indios tributarios para Campeche; y para fines del siglo XVII, la lista de Encomiendas de 1688 reportó 1,116 tributarios.

Los registros que clérigos, encomenderos y autoridades reales hicieron con el propósito de controlar su tributación, nos muestran a la población indígena de Campeche de la siguiente manera: indios de pueblo o naturales que vivían en sus comunidades llamadas Repúblicas de Indígenas, y mantenían su organización política interna, se ubicaban básicamente en los alrededores del puerto y en Camino Real; los laboríos o indígenas que prestaban sus servicios en labores agrícolas de manera voluntaria, en contraste con los indios de pueblo que eran forzados a prestar sus servicios a los blancos; los indios naboríos o mayas que habían abandonado sus pueblos y vivían en los barrios de San Francisco de Campeche; y los indios libres o "Uit'es", que poblaban el vasto territorio selvático de Campeche.

Los escasos encomenderos de Campeche se vieron obligados a recurrir a la reducción de indígenas, constantemente tuvieron que perseguir a sus huidizos encomendados y reducirlos en asentamientos más accesibles, además de que esta circunstancia les sirvió para respaldar las cargas excesivas que les imponían.


Comercio

El comercio entre la Nueva España y Europa se intensificó mucho en el siglo XVI. De España llegaron a Campeche cerdos, vacas, carneros, chivos, gallinas, limas, limones, naranjas, manzanas, plátano, coco, vino, acéite de oliva, harina de trigo, vidrio, porcelana y seda. Campeche y México exportaron a Europa chiles, calabazas, pieles de animales (tigrillos, plumas de Quetzal y loro, faisanes, puercos de monte, conejos, etc.), maíz, maderas presiosas, el palo de tinte (que servía para darle color a las ropas), jade, miel, cera, pavos, algodón, azúcar, chocolate, henequén, oro y plata.

La adquisición del enorme territorio cedido a España por la Bula Alejandrina 23, trajo el engrandecimiento del Imperio, y a la par la necesaria protección de un vasto territorio codiciado por otras potencias europeas. Las corrientes marinas del Atlántico, que parten de España y llegan al Caribe, condujeron el arribo de Cristóbal Colón al área y determinaron la ruta de retorno al Viejo Mundo; el Mar Caribe se convirtió en la entrada hacia la rica y disputada tierra firme y el espacio marítimo que comprenden; por el norte, desde la Florida, y por el sur, hasta las costas de Venezuela, en el escenario de las luchas entre España y sus enemigos por poseerla.

Las entradas a las colonias localizadas en la costa del Atlántico recibieron el nombre metafórico de "Llaves del Mundo Americano". La península tenía tres llaves muy importantes: la Llave contra el contrabando inglés o Bacalar, la Llave del comercio de la madera preciosa o Campeche y la Llave de la Capitanía General de Yucatán o Laguna de Términos; las tres eran, a su vez, el paso hacia la Llave del Virreinato de la Nueva España o Veracruz, puerto de embarque de la plata novohispana.

En contraste con las zonas selváticas, Campeche era un activo puerto clave para la comunicación y el comercio de toda la provincia; el lugar de convergencia de las mercaderías del interior y del exterior; así como de las noticias del acontecer americano y europeo. A Campeche arribaban de las Antillas y de las costas del Golfo de México embarcaciones de distintos tipos y calados, transportando la gran variedad de productos americanos, las manufacturas europeas y el elemento humano de todo el ámbito colonial.

La escasa población blanca se concentraba en el puerto: en 1602, había 60 vecinos en la Villa de San Francisco; en 1615, ya eran 100 vecinos entre "encomenderos y gente de la mar"; y para 1639, según las fuentes, se registraron 300 vecinos. A diferencia de otros puntos de la península, cuyos pobladores se dedicaron básicamente a las tareas agrícolas, los vecinos blancos del puerto de Campeche fueron desviando su atención de la reducción de mayas hacia el comercio, la explotación del palo de tinte (Hematoxylum Campechanun), y de sal, y a la fabricación y reparación de embarcaciones para acabar relegando al entorno selvático y sus pobladores.

Para mediados del siglo XVI, el Rey de España ordenó crear una empresa llamada La Casa de Contratación de Sevilla, la cual monopolizó el comercio y que además ejercía un estricto control sobre todos los productos provenientes de América, y en particular, sobre aquellos en los que otras potencias europeas tenían especial interés; éste era el caso del "Palo de tinte campechano". Era muy preciado para la creciente industria textil.

Se crearon nuevas leyes por medio de esta institución: ningún barco podía partir o entrar a puerto sin su autorización; todos las embarcaciones tenían que ser españolas; los principales documentos debían tener el sello del Virrey; los indígenas y los negros podían ser explotados "a consideración del encomendero", el cual disponía de sus vidas hasta decidir si podía seguir viviendo como "encomendado" o morir. Los productos vendidos tenían que ser españoles, si se intentaba vender productos extranjeros se aplicaba la "Ley de la Alcabala", que era un impuesto del 8% sobre el valor total del producto.

En las lejanas posesiones, los americanos que se dedicaban al comercio, al igual que para los ingleses, holandeses y franceses, el monopolio real era un obstáculo para el libre intercambio; era más beneficioso comerciar directamente con los productores de manufacturas, que adquirirlas por intermedio de la Casa de Contratación. Burlar la vigilancia de las aduanas, evadir impuestos y cohechar a los funcionarios fue una práctica común, como también lo fue el contrabando y la piratería, a pesar de redoblar la vigilancia, reforzar a la Armada y edificar murallas, fuertes y baluartes.

Para evitar el comercio del palo de Campeche, en 1616, el gobernador de Yucatán, don Luis de Céspedes y Oviedo, promulgó un estanco que establecía que para cortar y comerciar palo de tinte era menester poseer una licencia y pagar los impuestos correspondientes. El producto era vendido a Inglaterra, a través de la Casa de Contratación, a 100 libras esterlinas la tonelada, pero en 1670, los ingleses encontraron una alternativa con los cortadores de palo que lo obtenían en lugares inhabitados o habitados por indios, al precio de cinco hasta 50 libras por tonelada. El contrabando de palo se mantuvo por años, a pesar de la captura de barcos ingleses por los cayos de Yucatán, por la Laguna de Términos y por el Mar Caribe.


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"A través del tiempo - La Colonia en Campeche", un artículo de Conociendo Campeche.
Conociendo Campeche, D.R. México, 2003