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Es
de planta rectangular con cuatro arcos en su planta baja abiertos a la
Plaza y otro a la calle de D. Santiago
Ariño. Las pilastras que soportan los arcos inicialmente fueron
de corte circular y en el año 1671 fueron substituidas por otras
de corte cuadrado. Sobre el espacio abierto (trinquete) destinado a lonja,
se levanta la planta noble con sus ventanas. En el centro de la fachada
puede verse un escudo con la inscripción
“EXULVE 1563”, año en que debió construirse y que por la
fecha fue de los primeros de este tipo erigidos en la comarca. Una línea
de impostas separa las plantas. Alero de ladrillos horizontales.
A lo largo del tiempo albergó también carnicería,
cárcel y escuelas. En 1921 se le añadió la espadaña
para
colocar el reloj. Tras su restauración (1991-94) el edificio ha
conservado su estructura característica, ofreciendo al visitante
una muestra fiel de la arquitectura civil de la época de su construcción.
Durante las fiestas de septiembre, desde las ventanas de la planta principal
la corporación municipal, lanzan “prescos” (melocotones)
a los ejulvinos concentrados en la plaza. Este acto, conocido como “Bautizo
de la Virgen”, es uno de los más característicos de dichas
fiestas mayores.
Se
trata de una construcción muy sólida de piedra sillar. Sus
almenas y saeteras confirman los fines defensivos para los que erigió,
seguramente durante el siglo XIV, siendo el edificio más antiguo
conservado. Como característica cabe destacar un retranqueo en una
de sus esquinas. En su interior una sorprendente escalera
de caracol, construida mediante perfectos encajes pétreos, nos
eleva a la terraza (almenada y con gárgolas) que supera la cota
del montículo denominado
el castillo y desde donde se dominan
visualmente los accesos a la villa. En sus muros exteriores y en su interior
podemos observar las marcas de cantero
que se repiten en las zonas más antiguas del templo parroquial.
A finales del siglo XVI se le añadió el último
cuerpo de ladrillo (el cocio) con la doble intención de albergar
el campanario y superar la altura del renovado templo parroquial.
El
templo parroquial se erigió sobre otro anterior de estilo gótico
del que se conservan la torre, parte de la fachada principal construía
con piedra sillar. En 1565 el arzobispo Hernando de Aragón dio licencia
al vicario y jurados de la villa para ampliar y hacer más noble
la Iglesia de Santa María de Ejulve y para hacer varios altares
con sus retablos. Cabe destacar la portada
de estilo plateresco de finales del s. XVI de cuyas imágenes primitivas
se conserva únicamente la del Padre Eterno.El
atrio, adosado a la fachada antigua, está sustentado por tres
arcos de medio punto y protege la puerta (tapiada) que daba acceso al interior
del templo.En 1603 se acabó el
altar
mayor "... de madera dorada de
cincuenta palmos poco más o menos con diversos
Nichos en que están puestas figuras de diversos
santos y en medio de él un trono (...) labrado y
dorado en que está puesta la imagen de la Virgen
Santísima (...) otrosí tiene un Tabernáculo
de grande precio con sus columnas y cielo dorado y la imagen
del Salvador en medio y Apóstoles entre columna
y columna que (...) al altar se sube con cinco gradas
de piedra labrada y a los lados 6 alabastros
labrados y bien torneados, con dos ciriales
puntados y dorados, el uno de Nª Srª y el otro de S.
Antonio Abad cuyos cirios arden en las festividades solemnes. Entre
sus diez capillas destacaban las de Santa Bárbara, las Almas, San
Miguel, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora y San
Antón,... algunas con cofradía, beneficio con sacerdote propio
y con retablos de cierta calidad artística. Hubo instituidos hasta
15 beneficios eclesiásticos y otras capellanías. El Capítulo
Eclesiástico llegó a estar formado por 11 sacerdotes en el
s. XVIII. Las rentas que lo sustentaban procedían principalmente
de numerosos censos, aniversarios y fincas, entre las que cabe destacar
las masadas Azcón,
Barrancos,
Cañadas
y Cerro. Todas estas fincas fueron vendidas
durante la desamortización de los bienes eclesiásticos (1842-1846).
Durante la guerra civil (1936-39) fueron destruidos el archivo, altar mayor,
retablos, órgano e imágenes de culto. El bombardeo que sufrió
la villa durante los primeros días de marzo de 1938 destruyó
el tejado y sus bóvedas de crucería que fueron reconstruidas
recientemente siguiendo el modelo de las conservadas en las capillas y
bajo el coro. El retablo actual procede de
la Iglesia de San Juan y San Pedro de Zaragoza y fue traído a Ejulve
una vez reparados los desperfectos sufridos en la guerra.
El
maestro Antonio Campos y Muñoz,
vicario, de la parroquia entre los años 1677 y 1717, dispuso y ordenó
la fundación de una Capellanía bajo invocación de
San Pascual Bailón, en la ermita que mandó construir en 1688,
en el centro del pueblo. Edificio de mampostería, en su interior
,nave
central con bóveda de medio cañón, el crucero con
cúpula y decorada con estucos (hoy muy deteriorados) con los Evangelistas
y otros temas diversos. En 1719 se decretó su fundación
con obligación de celebrar tres misas semanales, una en día
festivo. El capellán, que tenía que residir en Ejulve, gozaría
de una resta anual de 100 libras sobre varios censales y treinta y tres
fincas. San Pascual, según la creencia popular, se convirtió
en el mayor propietario del pueblo y no nos ha de extrañar que dichas
propiedades fuesen codiciadas por los mayores contribuyentes de la villa:
el abogado D. Juan Pío Pascual
consiguió administrar sus rentas durante mas de 30 años en
la segunda mitad del s. XIX y dejó la ermita en un estado lamentable
según hizo constar el capellán nombrado al acabarse el siglo.
Durante varios años, tras la guerra civil (1936-39), albergó
los oficios religiosos como consecuencia de los destrozos producidos en
la iglesia parroquial en los bombardeos de marzo de 1938. Hace unos años
se vendieron sus fincas y las cubiertas del edificio de la ermita fueron
reparadas, salvándolo de un antiguo y continuo deterioro.
Situada en el inicio de
la calle Mayor albergó un convento durante los siglos XVII y XVIII,
del cual tenemos alguna referencia documental confusa. En su fachada destaca
la magnífica portada, con arco de medio punto coronado con un Sagrado
Corazón en piedra y el trazado de su ventana lateral. Se construyó
a principios del s. XVI (1608) momento en que la ampliación de la
villa afectó también al antiguo trazado ensanchándose
la calle que desde Las Cuatro Esquinas se adentraba hacia el barrio
de San Pedro.
Santa
Ana:
Ermita
dedicada a la patrona de Ejulve, ubicada en uno de los cabezos, con
su nombre, situado frente a la villa y de donde brota el manantial que
surte de agua a la villa. Su primera construcción debió realizarse
a finales del siglo XV, aunque en la segunda mitad del s. XVII (1680 en
la espadaña) se amplió añadiéndole su mitad
delantera y abriendo puerta en la fachada de levante.. Contó
con ermitaño o "santera" hasta bien entrado el s. XX. Varios campamentos
de trabajo y una cuidada restauración posterior la han preservado
del deterioro que padecía. Cuenta con gran devoción entre
la poblaaión como lo demuestra el número de ex-votos allí
depositados. El 26 de julio, día de la patrona, se sube a la ermita
y se cantan "los gozos" que le han dedicado los
ejulvinos. Era tradición subir también el lunes de Pascua
para comer la "rosca".
lla
(barrio de San Pedro). En 1357 había constituida en la parroquia
una cofradía de mancebos con su nombre. El edificio de la ermita
debió erigirse en el s. XIV y es citada en varios testamentos de
la segunda mitad de este siglo. Fue reconstruida en la segunda mitad del
siglo XVI: el arzobispo Pedro Cerbuna, en 1576, decretó una licencia
para construir la nueva iglesia de San Pedro, instando unos años
más tarde (1584) a que finalizasen las obras. Sus paredes son de
mampostería y se aprecian claramente las modificaciones del edificio.
El camino que lleva hasta ella por el "Pie de la torre" ofrece al paseante
una de las más bellas panorámicas
desde donde se destaca el monte Majalinos.
Situado río abajo, en la partida del Piélago, funcionó
has finales de la década de loas 60 del s. XX. . El edificio actual
del molino Alto debió ser construido en el s. XV y se halla muy
deteriorado. Durante el s. XIV los molinos de Ejulve eran propiedad de
la Orden de Calatrava y posteriormente pasaron a la villa. Mediado el s.
XVIII la Junta de Propios propuso construir un pantano en El Estrecho para
guardar agua y evitar a los ejulvinos trasladarse al molino de Las Herrerías
(en el Guadalope) en épocas de sequía. En 1856, junto con
la casa, se vendió en pública subasta por 35.300 reales,
pasando desde entonces a ser propiedad privada. También se vendió
en la misma época el molino de Abajo (Río Las Viñas).
En 1881 los molineros eran Sebastián Galve Villar y José
Sancho Aguilar. A partir de 1900 quedó como único molinero
Martín Galve y su hijo. Sebastián Galve fue el último
en ejercer el oficio.
Situado detrás del Ayuntamiento acogía pobres, caminantes y enfermos. A principios del s. XV, el ejulvino Juan Barón dejó en su testamento (1429) varias madejas de lana y cáñamo "... a la casa del hospital para sayas a los pobres de Dios". El edificio actual se debió construir en el siglo XVI, en él aún se conserva la puerta con arco de medio punto y sobre ella la hornacina, coronada por cinco agelillos esculpidos en madera, donde se situaba la imagen del santo protector. Bartolomé Ribas, francés, había dejado en el s. XVI, 50 sdos. para reparaciones y tuvo alguna propiedad rústica que fueron vendidas durante la desamortización (s. XIX).