

1. Moral
en la literatura
Escasas son, por no decir
nulas, las referencias a Moral de Calatrava en las literaturas hispánicas. Y,
si alguna hay, el motivo de la alusión es un tópico, como el de las cualidades
y belleza de la mujer manchega, motivo cuyo referente más conocido es el poema
de Antonio Machado titulado “La mujer manchega”:
“La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes,
Esquivias, Valdepeñas. La novia de Cervantes,
y del manchego heroico, el ama y la sobrina [...]
Es la mujer manchega garrida y bien plantada,
muy sobre sí doncella, perfecta de casada.
El sol de la caliente llanura vinariega
quemó su piel, mas guarda frescura de bodega
su corazón...”
(A.
Machado, Campos de Castilla, CXXXIV; ed. O. Macrì)
Cuando Camilo José Cela, de camino hacia Andalucía, pasó por la Mancha y
el Campo de Calatrava, tuvo un recuerdo para Moral:
“El vagabundo piensa que,
por todos estos pueblos, el hombre que va de camino contaría y ordenaría su
andar, si no hubiera caminos, por los campanarios de las iglesias, como las
cigüeñas [...] Valdepeñas, un pueblo grande extendido en la llanura [...]
tiende su corpachón artesano por entre las colinas de San Cristóbal, de
Castilnuevo y de las Aguzaderas, ninguna alta. El terreno sube un poco más
hacia el monte que dicen Prieto, en el camino del Moral de Calatrava, el pueblo
del charco Calderón [...] A la entrada de Santa Cruz de Mudela, una larga
avenida de cipreses lleva hasta el cementerio [...] Las hembras de Santa Cruz
gozan de justo renombre por su hermosura y hay una seguidilla manchega que la
pregona:
Santa Cruz de Mudela
tiene la fama
de las mejores mozas
que hay en la Mancha.
El vagabundo, sin pronunciarse por
ninguna, que todas le parecen adorables y dignas de loa y encomio, recuerda que
también las de Almagro y las de Moral de Calatrava inspiraron el galante piropo
del guitarrero:
Yo no sé lo que
tienen
éstas de Almagro,
que hasta el agua bendita
toman
con garbo,
y las del Moral
por la boca y los ojos
derraman sal.”
(C.J. Cela, Primer viaje andaluz, Barcelona, Noguer, 1961, pp. 87 y 90)
Bastantes años después, en una
columna aparecida en ABC (13 de
diciembre de 1994), Cela dedicó otro breve recordatorio a Moral, con motivo de
su centenario como “ciudad” (“Una ciudad cumple cien años”):
“Moral de Calatrava es caserío viejo
y ciudad nueva; empezó siendo un cortijo de la desaparecida e ilustre Oreto,
que quedaba algo a mediodía y a orillas del río Jabalón, y fue aldea de Almagro
hasta que el Rey Don Felipe IV la redimió y le dio la consideración de villa a
mediados del siglo XVII, el mismo año en que nacía Leibniz y Gracián publicaba El discreto. Ahora, dentro de un par de meses, Moral de Calatrava cumple cien años como ciudad [...] A Moral de Calatrava le zurraron las guerras, todas las guerras, sobre todo las civiles, y sus habitantes tuvieron que acopiar mucha paciencia para seguir subsistiendo. Mi amigo don Wamba Carrizosa me contó que una vez que pasó por Moral de Calatrava le obsequiaron con unos gazpachos manchegos memorables en El Molino, plato al que sólo pudo encontrarle parangón con la pierna de choto asada que se zampó de otro viaje en casa de los hermanos González [...] Moral de Calatrava vive y crece, y también duerme y sueña, al socaire del cerro de San Cristóbal. Por su prosperidad y por la de todos los moraleños, ahora que cumple cien años como ciudad, brindo con un vaso de vino de Valdepeñas, del que sale de la uva cencibel, a la que algunos llaman tempranillo.”
(C.J. Cela, El color de la mañana, Madrid,
Espasa Calpe, 1996, pp. 359-360)
2. La
literatura en Moral
Tampoco son muchos los escritores
que Moral ha dado. Pero no faltan nombres, sobre todo de poetas. Es de justicia
recordar a Luis Espinosa, autor de una Ampliación
y refundición de la leyenda histórica de un suceso prodigioso acaecido en Moral
de Calatrava, publicado en la “imprenta y encuadernación Roldolfo Ramírez”
(Moral de Calatrava, 1917).
Aunque publicaron esporádicamente y, por lo que sabemos, sólo poemas
sueltos, merecen ser mencionados Antonio Prados Ledesma, Joaquín Sánchez
Donoso, Enrique Adánez Guisado y Demetrio Fernández Albarrán. Reproducimos a
continuación, como ejemplos de la producción poética de los dos últimos, sendos
sonetos dedicados a nuestra localidad:
“Bello es mirar desde la abrupta loma
el blancor de tu vasto caserío
y extenderse tus campos hacia el río
que en honda curva, por oriente,
asoma.
Tiene tu luz en el véspero aroma
del tomillo que crece en el bravío,
áspero monte, que, siniestro y frío,
sombras ingentes en la noche toma.
De oro y rosa se tiñe en la alborada
la mancha de tus verdes olivares,
el rojo pardo de tu tierra cálida.
Y brilla en la mañana soleada
la piedra de tus altos alminares,
la viva faz de tu blancura pálida.”
(Enrique
Adánez, 1962)
“Mecida entre viñedos y olivares,
asomada al balcón de Andalucía,
te alzas, Moral, histórico vigía
de la Castilla eterna en sus
andares.
Fueron recios la cuna y los sillares
que dieron el asiento a tu hidalguía
-guerrera y calatrava-, sinfonía
de ardientes soles en lejanos mares.
Eres para el trabajo diligente,
recoleta en la piedra que perdura,
abierta al caminante y al ausente.
Por tus calles navegan –remo y quilla-
veleros de horizontes y llanura.
Son tus gentes un lujo de Castilla.”
(Demetrio
Fernández, 1975)
El
más destacado poeta de Moral de Calatrava, por la amplitud y calidad de su obra
literaria, es, sin duda, Manuel Cuevas García. Nació en Moral en 1916 y estudió
en el colegio franciscano de Alcázar de San Juan. Tras la guerra civil se vio
obligado a abandonar su pueblo natal y se instaló en Tavernes de Valldigna. Ha
publicado los siguientes poemarios: Gritos
del llano y voz del mar (Valencia, 1974),
Mi voz herida (Valencia, 1975), Del
odio a la concordia (Valencia, 1979), La
Mancha en pie (Valencia, 1981), Mis
tres llagas (Valencia, 1984), Tavernes
en mi voz (Valencia, 1991), Desde mi ardiente soledad (Valencia,
1994), Moral de Calatrava en mi verso
(Valencia, 1998) y Epigramas
(Valencia, 1999).
Escribe sobre Moral: “Es un
pueblo sencillo, laborioso, cordial y muy dado a sus tradiciones. Todo lo cual,
con ser mucho, por lo visto, no es lo suficiente para que el turismo haya
llegado a interesarse por todo ello. Y sin embargo, un hecho mínimo, como el
canto o el nido de un pájaro, un determinado lugar vivido entrañablemente, así
como algún humilde personaje local, pueden poseer a veces más grandeza y
ternura que todo lo suntuoso y grantilocuente, tan del agrado de la mayoría”.
Del ingente número de poemas (romances, sonetos, soleares, poemas en verso
libre) que ha dedicado a Moral, sirva de ejemplo el siguiente “Requiebro”:
“Tendrá la nieve que aprender blancura
si ser
blancura de tu cal quisiera;
y
prudencia la flor que no supiera
que
emular tu belleza es gran locura.
En toda la extensión de tu llanura,
tan
hermosa al llegar la primavera,
no hay
una flor tan bella que pudiera
contigo
competir en hermosura.
Aldonza tú trocada en Dulcinea:
que yo,
tu trovador, siempre te vea
tan
hermosa y sencilla como ahora.
Y que al decir tu nombre la voz mía
se me
inunde de orgullo y alegría,
¡oh
siempre tú ciudad acogedora!”
(Moral
de Calatrava en mi verso, p. 46)