logotipo

img_google

BLACK IS BLACK Los Bravos

Black is black

I want my baby back

It's gray, it's gray

Since she went away, whoa-whoa

What can I do

'Cause I-I-I-I-I'm, I'm feelin' blue

If I had my way

She'd be back today

But she don't intend

To see me again, whoa-whoa

What can I do

'Cause I-I-I-I-I'm, I'm feelin' blue

I can't choose

It's too much to lose

My love's too strong

Wow! Maybe if she would come back to me

Then it can't go wrong

Bad is bad

That I feel so sad

It's time, it's time

That I found peace of mind, whoa-whoa

What can I do

'Cause I-I-I-I-I'm, I'm feelin' blue

Black is black

I want my baby back

It's gray, it's gray

Since she went away, whoa-whoa

What can I do

'Cause I-I-I-I-I'm, I'm feelin' blue

'Cause I-I-I-I-I'm, I'm feelin' blue

En el terreno discográfico tres cuartos de lo mismo. Los habitantes del mundo anglosajón se dedicaban a despotricar a diestro y siniestro utilizando los coches y motos como símbolo de libertad, herramientas para conseguir sexo o sazonar la vida con un poquito de emoción, y nuestros conciudadanos pedían una escoba, querían beber un sorbito de champán, traducían las canciones más inofensivas de los grupos ingleses o incitaban al delito rebelando que su amor tenía solo 15 años. Los Sirex le cantaban al tranvía, Los Mustang al submarino amarillo y únicamente Los Bravos de Micke Kennedy reclamaban a gritos una motocicleta en un castellano macarrónico ( "quiero una motocicleta, no me gusta pidaliar "). La canción cosechó un sonoro aplauso colectivo y sentó un claro precedente.
LOS BRAVOS El quinteto más intermacional del pop español de los 60 se formó con miembros de dos conjuntos destacados de entonces: los madrileños Los Sonor y los mallorquines Miki & The Aunaways. Su formación original la componían: Michael. V. Kogel "Mike" (Berlín,1944), solista. Antonio Martínez "Tony" (Madrid, 1944), guitarra solista. Manuel Fernández ,(Sevilla 1942), al órgano, Miguel Vicents,(La Coruña, 1943), guitarra baja Pablo Sanheli (Barcelona,1943), batería. Tras el suicidio de Manolo Fernández, en 1967, su lugar lo ocupó efímeramente el inglés Peter Solley, aunque finalmente fues Jesús Gluck quien se quedaría con el puesto. Al escindirse Mike Kennedy, para emprender su trayectoria en solitario, los cantantes de recambio fueron nuevamente anglosajones: Robert Wright y el más estable Andy Anderson. En su formación clásica tuvieron cinco números 1: "La parada del autobús", "Black is Black", "La moto", "Los chicos con las chicas", "Bring a little lovin". Posteriormente con Wrigth grabarían un único y admirable single "Individuality", y con Anderson como lider el título más sonado fue "People talking around". Grabaron dos películas muy pop, "Los chicos con las chicas" y "Bring a little lovin". Black is Black, subió al número 2 de las listas anglosajonas y americanas. Ningún grupo español ha llegado tan lejos como ellos.
En una carrera que se prolonga ya durante más de cuarenta años, Carlos Saura (Huesca, 1932) ocupa un lugar muy destacado en el panorama cinematográfico español. La trayectoria del director empieza con un cine en el que se aprecian rastros del neorrealismo italiano y de la nouvelle vague francesa, continúa con una etapa metafórica, intimista y de difícil comprensión a veces, para pasar más recientemente a cultivar una vena folclórica. En el primer grupo se incluirían películas como Los golfos (1959), Llanto por un bandido (1963) o La caza (1965); en el segundo, El jardín de las delicias (1970), La prima Angélica (1973) o Cría cuervos (1975). El tercer grupo se inicia a partir de la década de 1980 con la trilogía sobre el arte flamenco compuesta por Bodas de Sangre (1981), Carmen (1983) y El amor brujo (1985), y posteriormente, por Sevillanas (1992)y Flamenco (1995), antologías del folclore andaluz. Los tres filmes de Saura de mayor éxito internacional –La caza, La prima Angélica y ¡Ay, Carmela!– coinciden en estar relacionados con la guerra civil española, un asunto en el que se centra también su primera novela, publicada muy recientemente con el título de ¡Esa luz!, que refleja la advertencia que se escuchaba entre los vecinos de Madrid cuando se acercaba un bombardeo de la capital. La caza, película que se considera con toda justicia como una de sus mejores creaciones, es en cierto modo el final de la etapa naturalista del director, influida por el neorrealismo italiano, y al mismo tiempo el comienzo del cine metafórico que habrá de seguirle. El filme transcurre en una sola jornada durante la que cuatro personajes masculinos –tres excombatientes franquistas unidos ahora por intereses económicos y el joven pariente de uno de ellos– van de caza y, en un clima de violencia mal contenida, terminan por matarse unos a otros. En una metáfora que compara la caza con la violencia entre los hombres, tanto en la guerra civil como después de ella, las imágenes, filmadas en blanco y negro, reflejan la tensión, el rencor, la envidia y las frustraciones de los personajes.