En
el terreno discográfico tres cuartos de lo mismo. Los habitantes del mundo anglosajón
se dedicaban a despotricar a diestro y siniestro utilizando los coches y motos
como símbolo de libertad, herramientas para conseguir sexo o sazonar la vida
con un poquito de emoción, y nuestros conciudadanos pedían una escoba, querían
beber un sorbito de champán, traducían las canciones más inofensivas de los
grupos ingleses o incitaban al delito rebelando que su amor tenía solo 15 años.
Los Sirex le cantaban al tranvía, Los Mustang al submarino amarillo y únicamente
Los Bravos de Micke Kennedy reclamaban a gritos una motocicleta en un castellano
macarrónico ( "quiero una motocicleta, no me gusta pidaliar "). La canción cosechó
un sonoro aplauso colectivo y sentó un claro precedente.
LOS
BRAVOS El quinteto más intermacional del pop español de los 60 se formó con
miembros de dos conjuntos destacados de entonces: los madrileños Los Sonor y
los mallorquines Miki & The Aunaways. Su formación original la componían: Michael.
V. Kogel "Mike" (Berlín,1944), solista. Antonio Martínez "Tony" (Madrid, 1944),
guitarra solista. Manuel Fernández ,(Sevilla 1942), al órgano, Miguel Vicents,(La
Coruña, 1943), guitarra baja Pablo Sanheli (Barcelona,1943), batería. Tras el
suicidio de Manolo Fernández, en 1967, su lugar lo ocupó efímeramente el inglés
Peter Solley, aunque finalmente fues Jesús Gluck quien se quedaría con el puesto.
Al escindirse Mike Kennedy, para emprender su trayectoria en solitario, los
cantantes de recambio fueron nuevamente anglosajones: Robert Wright y el más
estable Andy Anderson. En su formación clásica tuvieron cinco números 1: "La
parada del autobús", "Black is Black", "La moto", "Los chicos con las chicas",
"Bring a little lovin". Posteriormente con Wrigth grabarían un único y admirable
single "Individuality", y con Anderson como lider el título más sonado fue "People
talking around". Grabaron dos películas muy pop, "Los chicos con las chicas"
y "Bring a little lovin". Black is Black, subió al número 2 de las listas anglosajonas
y americanas. Ningún grupo español ha llegado tan lejos como ellos.
En
una carrera que se prolonga ya durante más de cuarenta años, Carlos Saura (Huesca,
1932) ocupa un lugar muy destacado en el panorama cinematográfico español. La
trayectoria del director empieza con un cine en el que se aprecian rastros del
neorrealismo italiano y de la nouvelle vague francesa, continúa con una etapa
metafórica, intimista y de difícil comprensión a veces, para pasar más recientemente
a cultivar una vena folclórica. En el primer grupo se incluirían películas como
Los golfos (1959), Llanto por un bandido (1963) o La caza (1965); en el segundo,
El jardín de las delicias (1970), La prima Angélica (1973) o Cría cuervos (1975).
El tercer grupo se inicia a partir de la década de 1980 con la trilogía sobre
el arte flamenco compuesta por Bodas de Sangre (1981), Carmen (1983) y El amor
brujo (1985), y posteriormente, por Sevillanas (1992)y Flamenco (1995), antologías
del folclore andaluz. Los tres filmes de Saura de mayor éxito internacional
–La caza, La prima Angélica y ¡Ay, Carmela!– coinciden en estar relacionados
con la guerra civil española, un asunto en el que se centra también su primera
novela, publicada muy recientemente con el título de ¡Esa luz!, que refleja
la advertencia que se escuchaba entre los vecinos de Madrid cuando se acercaba
un bombardeo de la capital. La caza, película que se considera con toda justicia
como una de sus mejores creaciones, es en cierto modo el final de la etapa naturalista
del director, influida por el neorrealismo italiano, y al mismo tiempo el comienzo
del cine metafórico que habrá de seguirle. El filme transcurre en una sola jornada
durante la que cuatro personajes masculinos –tres excombatientes franquistas
unidos ahora por intereses económicos y el joven pariente de uno de ellos– van
de caza y, en un clima de violencia mal contenida, terminan por matarse unos
a otros. En una metáfora que compara la caza con la violencia entre los hombres,
tanto en la guerra civil como después de ella, las imágenes, filmadas en blanco
y negro, reflejan la tensión, el rencor, la envidia y las frustraciones de los
personajes.