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EL CRIMEN DE LA CALLE DE FUENCARRAL

 

EL SUCESO

Este crimen cometido a finales del siglo XIX en Madrid, fue uno de los más famosos y sonados, conmoviendo y despertando el interés del pueblo que siguió todas peripecias del juicio. Tiene mayor interés porque por primera vez tuvo lugar la Acción Popular interviniendo en representación de todo el pueblo en todos los debates. La Prensa encontró un filón en aquel caso y se puede decir que a partir de entonces la Sección de Sucesos fue una columna fija en todos los periódicos. Las ventas de éstos subieron a cifras nunca vistas hasta el punto de que hubo reclamaciones por parte de algunos de los magistrados que intervinieron en aquel suceso, en el que aunque hubo una culpable que fue al patíbulo, no llegó nunca a aclararse hasta qué punto otras personas intervinieron en el luctuoso suceso. Enfin, que siempre quedó en el misterio aunque Higinia Balaguer Ostalé pagó por todos en el "garrote vil". Tiene como algo notable para la Historia que su caso fue la última vez que tuvo lugar una ejecución en público, algo que era más propio de tiempos medievales.

LA VICTIMA

Doña Luciana Borcino viuda de Vázquez Varela de 50 años de edad poseía bienes de fortuna que le rentaban 50.000 duros al año, aunque vivía estrechamente. Vivía con su hijo José Váquez Varela de 23 años, en un piso de la calle de Fuencarral 109, 4º piso izquierda. Este hijo único era un tarambana y por entonces cumplía una condena en la Cárcel Modelo, (por hurtar una capa en el Café Mazzantini de Madrid), no siéndole desconocida aquella institución por ser la tercera vez que había ido a parar a ella. Una de las veces que había estado en la cárcel había sido por golpear a su propia madre y en otra ocasión por haberle dado unos navajazos a su amante, Dolores Gutiérrez apodada "Lola la Billetera". Sus amistades eran hampones que había conocido en la cárcel, unos por robo, otros por lesiones, estafadores, falsificadores y hasta por homicidio. Enfín, había tenido una buena escuela para llegar a ser un criminal. El Director interino de la Cárcel Modelo era D. José Millán Astray, por encontrarse suspendido el titular, expedientado por la superioridad. El Varela pedía constantemente a su madre dinero, tabaco, comestibles y cuando se retrasaban los envíos, insultaba y amenazaba a su madre. Ella le decía que "así no se trataba a una madre y menos amenazarle con que le quieres quitar la vida".

LA SIRVIENTA

Doña Luciana tenía a su servicio hacía seis días una criada llamada Higinia Balaguer, que había contratado a pesar de los malos informes que le habían dado de ella. Doña Luciana tenía un carácter muy irascible y las sirvientas le duraban poco por este motivo. Era de fuerte carácter y recia de cuerpo y era de las que saben defenderse solas. Higinia Balaguer Ostolé no era trigo limpio. Había vivido amancebada con un tal Evaristo Abad Mayoral que era cojo y por tal motivo le pusieron por apodo "El Cojo Mayoral" que tenía un puesto de bebidas frente a la Cárcel Modelo y conocía al hijo de Doña Luciana, José Vázquez Varela o "Varelita" como le llamaban en la cárcel o también "El Pollo Varela". Higinia había tenido otros amantes. Había nacido en Ainza, partido judicial de Borja en Zaragoza, tenía 28 años, alta desgarbada, de color quebrado, ojos negros muy vivos, de rasgos duros. Solía tener una risa burlona, era analfabeta. Pero lo que más sorprendía a un observador atento era su talento natural y una refinada malicia que unido a una gran inventiva mostraba a las claras una especie de mitomanía. Era de pocos escrúpulos y esto es lo que complicó más su existencia. Joaquín Ruiz Jiménez que la conoció bien, la califica de "criminal inteligentísima y por tanto extremadamente peligro

EL CRIMEN

Serían las dos y media de la madrugada del día 2 de julio de 1888 cuando se oyeron unos gritos provenientes del 2º piso izquierda de la casa nº 109 de la Calle de Fuencarral, al mismo tiempo que salía por uno de los cinco balcones que tenía la casa un humo denso y negruzco. El portero de la casa, Manuel Triviño fue inmediatamente al Juzgado de Guardia del Distrito del Hospicio y solicitó ayuda o al menos un mandamiento judicial para poder derribar la puerta y entrar en el piso. El Juez D. Felipe Peña que estaba allí y era persona muy activa, se puso inmediatamente en movimiento y acompañado por el portero y dos guardias se dirigieron al lugar del suceso. Descerrajaron la puerta y penetraron en el piso lleno de humo, y encontraron dos mujeres, una que resultó ser Doña Luciana Borcino, la propietaria del piso, tendida en el suelo en posición de decúbito supino en una de las alcobas, junto a la cama, con el cuerpo medio quemado aún humeante, había un desagradable olor a carne quemada y era evidente que estaba muerta. El juez pudo observar que estaba descalza y a pesar de la cremación aún podían verse una huella en el pecho con manchas de sangre como si la hubiesen apuñalado. La segunda mujer estaba en la cocina, tendida en el suelo, al parecer inconsciente. Trataron de reanimarla, volviendola en sí y cuando se recobró dijo que era la sirvienta de Doña Luciana desde hacía seis días y que se llamaba Higinia Balaguer Ostolé. A su lado había un perro bull-dog tendido, también desvanecido. Higinia al ser interrogada dijo que no recordaba nada de lo ocurrido. La noche anterior, cuando regresó a casa, su señora estaba con un caballero y le ordenaron que se podía retirar. Se acostó y al despertar había una densa humareda que le hizo desmayarse. Al preguntarle el Juez si la señora tenía familia, contestó que tenía un hijo pero no sabía cómo se llamaba ni donde vivía. Por su parte, ella había trabajado antes en la casa del Sr. Millán Astray, Director interino de la Cárcel Modelo. Este fue quien recomendó a Higinia para trabajar con Doña Luciana.

INFORME DE AUTOPSIA

Los peritos forenses que hicieron la autopsia, fueron los Doctores Sicilia, Bustamante, Lozano y Bueno. Pudieron demostrar que la occisa "había recibido tres puñaladas en el pecho, una de las cuales había seccionado el cartílago de la quinta costilla penetrando a través del pericardio y atravesando el corazón. La muerte debió ser instantánea. La cabeza y las extremidades superiores estaban carbonizadas. Este intento de incineración había tenido lugar post-mortem. La hora del fallecimiento fue alrededor de las 10 de la noche del día anterior al hallazgo, es decir el 1º de julio de 1888."

LAS INVESTIGACIONES.ELSUMARIO

El Juez determinó que había suficientes indicios de criminalidad en Higinia Balaguer y ordenó su ingreso en prisión, incomunicada. Luego pidió declaración al hijo de la víctima, José Vázquez Varela que se encontraba que se encontraba en la Cárcel Modelo. Este al ser interrogado, explicó que no sabía que su madre tuviera enemigos como para desear su muerte, aunque tenía un carácter irascible. La policía pensó que el móvil había sido el robo, porque el armario del cuarto de la víctima había sido registrado lo que se notaba por el desorden que había en él. En otra habitación se había hallado un envoltorio que contenía alhajas y otros objetos de valor. El Juez, aceptó al día siguiente del crimen el ofrecimiento del Director de la Cárcel modelo, quien conocía a Higinia por haber sido sirvienta en su casa, de ayudar al esclarecimiento del delito, para lo cual pensaba que dado que conocía a Higinia quizás podría hablar con ella y obtener una confesión por parte de la detenida. El Juez autorizó a Millán Astray para que fuese a la Cárcel de Mujeres y hablase con ella. Fue calificada aquella entrevista más tarde de innecesaria, prematura e injustificada. Parece ser que Millán Astray aconsejó a Higinia que dijese la verdad. Esta que era muy lista comprendió que si se declaraba culpable podía salvar el cuello y sólo quedaría en simple homicidio tratado de ocultar con el incendio y solicitó ampliar la indagatoria. Entonces, explicó al Juez que había roto un jarrón, que quiso pagar con su sueldo, pero que la señora no aceptó, antes bien, la insultó y la amenazó. Entonces Higinia, ofuscada, la mató con un cuchillo de cocina que tenía a mano, sin tocar ni sacar nada de la casa y que al verse perdida, intentó el incendio para salvarse, utilizando como combustibles, petróleo, grasa, papeles, trapos y cuanto halló a mano. Más tarde quiso cambiar de nuevo su declaración y con un gran dominio de la escena, conmovida y llorosa confesó al Juez que sustrajo un rollo de papeles ignorando lo que eran (92.000 reales). Que entregó por la tarde a una amiga llamada Dolores Avila que vivía en un piso bajo de la calle de Eguiluz envueltos en un pañuelo. Ella podría convencer a su amiga para que le devolviese lo que le había dado. El Juez y el Fiscal facultaron a Millán Astray para que buscase a la tal Dolores Avila. La encontró y la llevó a la Cárcel de Mujeres para ponerla en comunicación con Higinia solicitando ésta hablar a sólas con Dolores. Todo esto era de lo más irregular porque el Juez no debía haber levantado la incomunicación de Higinie Balaguer hasta que no se hubieran practicado todas las diligencias previas. Después de esta entrevista Higinia manifestó al Juez que deseaba ampliar su indagatoria y ante el Juez aseguró que todo lo que había declarado anteriormente no era verdad y refirió cómo se había realizado el crimen acusando al hijo de Doña Luciana, Vázquez Varela y a dos amigos que fueron con él, Evaristo Medero y Enrique Lossa, además del vigilante Miguel Rico y Fernando Blanco. El hijo de la víctima se había quedado con ella en la cocina mientras los dos cómplices asesinaban a su madre. A ella le dieron mil pesetas para que no dijese nada. Añadió que Millán Astray le había proporcionado la casa de Doña Luciana para trabajar como sirvienta y también que el mismo Millán Astray había facilitado la salida de la cárcel al hijo de Doña Luciana. Esta hábil declaración la hacía aparecer como simple encubridora. Era tan extraordinariamente convincente y astuta que el Juez la creyó de tal manera que dejó sin efecto la autorización concedida a Millán Astray, decretando su procesamiento y prisión sin fianza, registrando su despacho en el que no encontró ninguna prueba incriminatoria. Luego el Juez ordenó un careo con Vázquez Varela al que Higinia acusó sin vacilación de ser el asesino de su madre. El Juez dictó el procesamiento de Vázquez Varela y dispuso se averiguase si Millán Astray había permitido la salida de éste de la cárcel. Un funcionario de la cárcel manifestó haber escuchado confesar a José Vázquez Varela hablando con otro preso que él era el autor de la muerte de su madre lo que le permitiría disfrutar de una jugosa herencia. Numerosos testigos declararon que después del 20 de abril vieron a Vázquez en la calle hasta alguno dijo que había tenido una fuerte discusión con él. Higinia Balaguer dijo al Juez: "El señorito mató a su madre y el Sr. Millán lo planeó. Yo iba a ser pagada generosamente por dejarle entrar en la casa". A los 38 días se dio por terminado el Sumario (3 gruesos volúmenes), manteniendo el procesamiento de Higinia Balaguer, Vázquez Varela, Millán Astray, Dolores y María Avila las dos hermanas, dejando sin efecto el de Evaristo Medero, Enrique Lasso, el vigilante Miguel Rico y Fernando Blanco, un presunto amante de Higinia Balaguer. El 8 de agosto de 1888 hubo una convocatoria de los Directores de los periódicos de Madrid (se reunieron más de 35) para decidir el ejercicio de la acción popular, no con objeto de censurar ni atacar a la Administración de Justicia, sino para ayudar y asistirla en su gestión. Decidieron que su representante fuese D. Francisco Silvela. La Prensa había hecho su agosto vendiendo ejemplares tirada tras tirada que les quitaba el público de las manos, ávidos de la columna de Sucesos.

JUICIO ORAL

Terminado el Sumario, el Juicio Oral se fijó para el 26 de marzo de 1889. Llegado ese día todo Madrid estaba allí tratando de entrar en la Sala donde no cabía más que un reducido número de personas, así que los alrededores de las Salesas estaban llenos de público, tal era el interés que había despertado aquel crimen. Se constituyó el Tribunal bajo la Presidencia de D. Victoriano Hernández de Quesada, formando el resto de la Sala los magistrados, D. Gonzalo de Córdoba y Ceriola, D. Ferando García Brin, D. Segismundo Carrasco y Moret y D. Luis Mira Giner. Fiscal y Acusación privada y los diversos Defensores. Una vez leídas por el Relator las Conclusiones, el Fiscal Sr.Toda calificó los hechos de "robo con homicidio e incendio y pidió para Higinia Balaguer Ostalé la pena de muerte por el primero y la de reclusión perpetua por el segundo y accesorios correspondientes. Para Dolores Avila como encubridora la pena de 18 años de prisión mayor." El Fiscal acusó también a Higinia Balaguer de haberse apoderado de las alhajas de la víctima con un pañuelo que contenía 92.000 reales que entregó a su cómplice Dolores Avila. "Estimando que no resulta probado que hayan tenido participación en los delitos castigados Vázquez Varela, Millán Astray y María Avila, se remitieron al Juzgado para que procediera a lo que hubiera lugar sobre las declaraciones contenidas en el Sumario referentes a la salida del procesado Vázquez Varela por quebrantamiento de condena y a Millán Astray por la infidelidad en la custodia de presos". Como D. Francisco Silvela no pudo aceptar, se encomendó a D. Joaquín Ruiz Jiménez, Director de "La Regencia", la Dirección técnica de la Acción Popular. "La Correspondencia de España" publicó el Sumario en forma de folletín. Comparecieron en el juicio 23 peritos y 615 testigos propuestos por parte de acusaciones y defensas. Comenzaron las sesiones del juicio oral en un ambiente de tensión y hostilidad contra la acción popular y contra la Prensa a la que los magistrados achacaban el desfase y la maraña que había tenido aquel juicio. Se insistió en solicitar la investigación de los ingresos de los periódicos durante los meses de mayo a agosto. En la primera sesión, Higinia declaró que cuanto había dicho era todo falso. Lo cierto y verdadero es que fue ella en riña con Doña Luciana quien la mató y que nadie más participó en el crimen, ni Varela, ni Millán Astray ni Dolores Avila. Daba la impresión con sus constantes cambios de declaración que Higinia quería burlarse de todos. El letrado de esta peculiar mujer pidió y le fue concedido que el Dr. Simarro o el Dr. Escuder, psiquiatras de reconocida fama, hipnotizasen a la acusada con objeto de averiguar si por influjo personal pudiera ser víctima o instrumento de otra persona. Y en presencia de los letrados de la acción popular, el Dr. Simarro practicó la hipnosis. La Sala se negó a admitir esta diligencia como válida. Al abrirse la sesión del 5 de abril, D. Vicente Galiano, defensor de Higinia explicó a la Sala que hacía unas horas, la acusada le había contado todo lo ocurrido el 1º de junio, que era distinto cuanto anteriormente había declarado y que la acusada deseaba contar todo a la Sala. Y así, Higinia manifestó lo siguiente: "Que fue a servir a casa de Doña Luciana, donde no había sido admitida la Dolores, guiada por ésta, que tenía el propósito de robarla; que ella se negó a robarla; pero que Dolores le dijo que la dejara a ella sola hacerlo, y el domingo, con un pañuelo, la hizo señas desde el balcón para que subiera al piso, en la hora en que la señora estaba en misa; que subió, no pudiendo abrir el armario de luna con las llaves que llevaba; que a eso de las doce llamó a la puerta un matrimonio que dejó tarjeta de visita; que Dolores manifestó al volver a reunirse con ella que, no habiendo podido abrir el armario, era preciso matar a la señora; "y si tú te opones te mataré a ti"; que ella le pidió por Dios que se marchara; pero insistió y temiendo que la matara, pues la amenazó de nuevo, al entrar la señora en el piso , antes de la puerta de la sala, y cuando miraba la tarjeta de visita, la cogió del cuello, y Dolores, que estaba oculta en el recodo del pasillo, se abalanzó, metiéndole en la boca un pañuelo de seda, no sabe si con algún nudo, consiguiendo con alguna lucha, pues Doña Luciana trató de resistirse, echarla al suelo, y la Dolores dijo: "Esta mujer me va a comprometer", y sacando una navaja del bolsillo, le dio unos golpes que no pudo evitar; que ella, en son de protesta, se marchó a la cocina, y Dolores llevó el cadáver adonde fue encontrado, rompió el quinqué contra las ropas y papeles, virtió el petróleo para incendiarlo luego; abrió el armario y cogió algo de lo que no se pudo enterar nunca y se marchó diciendola: "Abajo te aguardo"; que detrás bajó ella, fueron a una casa de cambio de la calle de Preciados a cambiar un billete; luego a una taberna, después que Dolores alquilase un cuarto en calle que si la viese la reconocería, pagando diez duros al portero, y donde supone que en una despensa o bazar de cocina dejaría lo que hubiera tomado del armario; se fueron a comer a un sitio que no sabía cómo se llama; después estuvieron en una tiendecita de la Calle Ancha, donde compraron unos bollos, tomaron un coche y se fueron a dar una vuelta por el Hipódromo, y en la Puerta del Sol dejaron el coche, volviendo ella a la casa con el encargo de Dolores de a media noche pegar fuego al montón de papeles y ropas que cubrían el cadáver." Esta fue la nueva declaración de Higinia Balaguer; declaración como todas las suyas, "calificada" colocándose hábilmente en segundo lugar y poniendo en el primero a la Dolores, acusándola a la vez de haberla obligado a ayudarla con amenazas de muerte, que la aterraron por completo. "Temo mucho a la Dolores, dijo, hoy mismo estoy temiendo encontrarme con ella aquí, porque le tengo mucho miedo". A continuación declaró Dolores Avila. Enterada del cambio de declaración de Higinia, lo negó todo. "Ella quiso perder al hijo y luego quiso perder al Sr. Millán y como todo le ha salido mal, ahora quiere perderme a mí". Se suspendió el juicio oral hasta el día 24. Reanudada la sesión el Sr. Rojo Arias manifestó: "¿Es esta declaración de Higinia Balaguer "la verdad verdadera"? ¿Es la versión definitiva e incontrovertible del suceso?". Los abogados de la acción popular no creyeron que fuera cierto. De una diligencia de inspección realizada por el Juez el día del suceso, constaba que xxxx "sobre la chimenea se encontró un libro de rezos, una sombrilla y un velo cuidadosamente doblado, demostrando que si al abrir la puerta, llevaba las manos ocupadas, le entregó una tarjeta que tomó la señora para leerla, no es posible que aquellos objetos aparecieran cuidadosamente doblado el velo con que tocaba su cabeza". Si la hubieran acometido al entrar en el piso y hubiera sido muerta, no se encontrarían aquellos objetos manchados de sangre ..." Hasta el 17 de mayo desfilaron los numerosos testigos. Una vez terminadas todas las pruebas propuestas, se dio cuenta de los escritos de conclusiones definitivas y comenzaron los informes del Fiscal, acción popular y defensa de los procesados, cerrándose el ejercicio el 25 de mayo y quedando conclusos para sentencia. En las conclusiones definitivas del Fiscal acusó a Higinia y a Dolores de autoras del delito de robo con homicidio y se pidió para ambas la pena de muerte; y así mismo fue acusada Higinia de autora del delito de incendio, pidiéndose la pena de reclusión perpetua. La absolución para los demás procesados. La defensa de Higinia calificó de robo con homicidio la intervención de la procesada; pero alegando que ésta obró en todo momento a impulsos de un miedo insuperable y violentada por una fuerza irresistible. La defensa de Dolores Avila estimó que el robo con homicidio se había verificado por dos hombres desconocidos, sin que a excepción de la responsabilidad en que había incurrido Higinia por haberles abierto la puerta, procedía la absolución de los demás procesados. En la escena del crimen había muchos indicios que no debieron ser valorados como se merecían por parte de los investigadores, como la narcotización del perro para evitar la acometida, quiere decir que había gentes extrañas a la casa. ¿Con qué se le narcotizó? El hallazgo sobre la alfombra donde estaba el cadáver de cinco puntas de cigarro, siete cerillas y un papel de fumar de color distinto del de las colillas habiendo negado Higinia y Dolores que fumaban. Y otros muchos pequeños detalles, como el arma homicida, y otros. Pero Higinia, por extrañas razones que nunca reveló, procuró quedar en la obscuridad y la confusión. Doña Luciana vivía sóla, sin otro guardián que su feroz perro, era poseedora de una fortuna (en ricas alhajas y dinero contante y sonante). El hijo era el único que lo sabía y pudo comunicárselo a sus compinches y planear el robo sin intención de matar a su madre. Pero ella debió defenderse y entonces alguno de los compinches acabó con ella y más tarde la quemaron para hacer desaparecer algunas huellas. La fuerza con que fueron dadas las puñaladas es más propia de hombres que de mujeres. Todo estaba muy turbio, muy embarullado e Higinia contribuía más a ello con sus cambios de declaraciones. Hubo varios escándalos durante el juicio incluso entre los mismos abogados. La acción popular era la primera vez que se ejercitaba en España. Para D. Francisco Silvela, extraordinario orador, que luego ocupó la Presidencia del Consejo de Ministros, la acción popular constituía un gran progreso en el procedimiento criminal y había que defenderla a todo trance contra los ataques de que era objeto. En la Academia de Jurisprudencia dio una conferencia sobre la "Acción Popular". Explicó que era el derecho del ciudadano distinto y separado del ciudadano ofendido y del Ministerio Fiscal, representante del Estado. Es el derecho del ciudadano a perseguir el fin social de la Justicia, independiente de la representación del Estado, como el derecho al sufragio o la elegibilidad de los cargos públicos; significa una mayor participación del sentimiento público en la vida de las instituciones judiciales...en el que la administración de Justicia dejará de convertirse en patrimonio para convertirse en una función social. . . . . . . . . La sentencia se dictó el 29 de mayo de 1889 y por ella fue condenada Higinia Balaguer por el delito complejo de robo con homicidio a la pena de muerte y por el de incendio a la de 18 años de reclusión. A Dolores Avila, como cómplice del expresado delito, a la pena de 18 año de reclusión. Se absolvió a los procesados Vázquez Varela, Millán Astray y María Avila Palacios. Higinia escuchó la sentencia impasible, pero su cómplice Dolores Avila lloró desesperadamente como si fuera ella la que iba a ser ejecutada. Higinia fue para el sentir general un "chivo expiatorio" al que era necesario sacrificar. Los abogados lograron retrasar la revisión del proceso hasta el 11 de abril de 1890. D. Nicolás Salmerón solicitó la exhumación del cadáver para practicar una segunda autopsia, pero su petición fue desestimada por el Tribunal. El Tribunal Supremo confirmó la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid por la que se decretaba "GARROTE VIL" para Higinia Balaguer Ostalé y 18 años de prisión para Dolores Avila. Hubo alteraciones del orden público. Los estudiantes apedrearon el Ministerio de Justicia. Se solicitó el indulto para Higinia Balaguer. El Consejo de Ministros presidido por D. Antonio Cánovas rechazó la petición y así la sentencia del Tribunal Supremo no tenía más remedio que cumplirse. La Reina Regente quiso ejercer su derecho de Gracia perdonando a Higinia de la pena de muerte, pero el Consejo de Ministros le informó que no era conveniente.

LA EJECUCION

El día 18, en coche celular, fue trasladada Higinia a la Cárcel Modelo encerrándola en la celda de los condenados a muerte. Quedó Higinia en capilla, vigilada por dos celadoras y cuatro Hermanos de la Paz y la Caridad. Don Vicente Villa, párroco de San Ildefonso le proporcionó los auxilios espirituales y el Dr. Rufilancha, médico de la prisión tuvo que administrarle una inyección por el estado en que se encontraba. Después se tranquilizó y como le ofrecieron que si quería comer, pidió una sopa de fideos, merluza y guindas en almíbar. Se acostó y trató de dormir, pero no pudo. El patíbulo estaba ya preparado en el patio de la cárcel. Higinia se confesó con el P. Villa, reiterándole una vez más su inocencia en el crimen. Se había fijado las 4:00 horas de la madrugada para la ejecución. El verdugo se presentó ante Higinia para pedirle perdón como estaba establecido. Higinia se lo concedió llorando amargamente. Las inmediaciones de la Cárcel Modelo estaban abarrotadas de gente. Cien Guardias Civiles mantenían el orden. Salió el cortejo con los Hermanos de la Paz y la Caridad con cruz alzada. Higinia iba detrás. Después iban el médico y varios funcionarios de prisiones. En la Tribuna estaba el Alcalde Madrid, acompañado del Duque de Alba y la famosa novelista Doña Emilia Pardo Bazán. Subió al patíbulo la condenada, la colocaron en la silla del garrote, atándola muñecas y tobillos y colocado el torniquete. El verdugo le puso el pañuelo que llevaba, tapándole los ojos. Higinia Balaguer gritó lo que serían sus últimas palabras: "¡Dolores, catorce mil duros!" El verdugo dio cuatro vueltas al tornillo y en un instante moría aquella discutida mujer. El cadáver quedó expuesto al público durante nueve horas como estaba reglamentado, hasta el atardecer. Transcurridas esas horas fue descolgada del patíbulo, llevada a la enfermería de la prisión donde fue amortajada por los Hermanos con el hábito de la orden de San Francisco. En un coche, escoltado por Guardias Municipales fue llevada al Cementerio del Este donde recibió cristiana sepultura en la parcela 35, A. ¿Dónde fueron a parar los 14.000 duros y las alhajas? Nunca se supo. Como decía Ruiz Jiménez que fue el encargado de la acción popular "

LO MÁS PROBADO DE ESTE FAMOSO PROCESO ES QUE ESTUVO SIEMPRE EN EL MISTERIO Y FUE UN ENIGMA LA PREPARACION DEL CRIMEN, EL ROBO Y LA REALIZACIÓN DEL MISMO, ASI COMO LOS QUE INTERVINIERON EN EL"...

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