
ÁLVAREZ GATO:
De la calle de la Cruz a la de Nuñez de Arce, b. de la Cruz, d. del Congreso.
Hasta hace muy poco años, se llamaba calle del Gato, aunque la tradición asegura que en esta vía tenía sus casas don Juan Álvarez Gato, si bien Jerónimo de Quintana escribe que estaban juntas con la misma torre de San Salvador, sede primera del concejo de la villa.
El linaje de los Gato, madrileñísimo, data de la conquista de la ciudad y tuvo principio en uno de los primeros asaltantes del lugar cercado, tan animosos y valiente que, sin temer la resistencia que hacían los moros desde encima de las murallas, subió con tanta ligereza por una de ellas, hincando su daga en las junturas de las piedras, que los del real, maravillados, empezaron a decir que "parecía gato". Él y sus sucesores, desde entonces, trocaron su apellido por el de Gato, "cuya nobleza -escribe el citado cronista- fue tan estimada en aquellos tiempos, que no se tenía por castiza la que no tenía sangre de aquel linaje". Tal es el origen de que, a los madrileños, se les llame "gatos".
Don Juan Álvarez gato fue varón insigne de la corte poética de Juan II, aunque también sirvió a su hijo Enrique IV, y ejercitó de mayordomo de Isabel la Católica. Poeta notable, en letras humanas y divinas, se hallan algunas de sus obras en el "Cancionero general". Además, escribió un cancionero propio que se conservaba inédito en un códice de la Biblioteca Nacional, publicado en 1901 por don Emilio Cotarelo. Casó don Juan Álvarez gato con doña Aldonza de Luzón, enlazándose así dos de los más ilustres linajes madrileños.
Fue armado caballero por don Juan II que le ciñó su propia espada y la dejó vinculada en su mayorazgo. Tanto le estimaba el monarca que, yendo Su Alteza a cazar a El Pardo, echóle de menos, y sabedor de que se había retirado a su hacienda de Aravaca por sentirse indispuesto, mandó el rey atravesar el camino diciendo: "Vamos a verle, que es mi amigo y le debemos visitar". Murió al término del siglo XV, y su enterramiento tuvo lugar en la capilla de Nuestra señora de la Antigua en la iglesia de San Salvador, fundación de sus antepasados. Mandó por encima de su sepultura una de sus canciones que así comienza:Procuremos buenos fines,
que las vidas más loadas
por los cabos son juzgadas.Esta calle tiene dos particularidades: está cerrada al tránsito rodado y en ella hay un establecimiento comercial con dos grandes espejos de cuerpo entero, cóncavo el uno y convexo el otro, a los que van los niños y los adolescentes por ver sus imágenes deformadas pareciéndose a Quijotes y Sanchos, según las representaciones plásticas caricaturales de los protagonistas del más famoso libro español.
"Las calles de Madrid", Pedro de Répide
Editorial Afrodisio Aguado, S. A. Edición de 1981