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FOTOS ANTIGUAS DE TAMBORADAS

 

RABALERO (Hilario Tomás Arteaga)

    La Semana Santa de Hellín es un misterio; escandaloso, acaso, pero un misterio sensacional que prende el alma de propios y extraños y gana para la vida, todas las vidas, la luz auténtica y difícil de¡ alegre amor para todo lo bueno, para lo admirable y emotivo que, ahora, hace posible que reservas ingentes de recuerdos vivos continúen aquella vieja tradición famosa. Sobre esta base, la Semana Santa de Hellín vuelve a su cauce de siempre, y si es bueno que se recorten un poco las hierbas exageradas que le restan brillo, no lo será tanto que en su nuevo encauzamiento olvidemos la realidad peremne que de fama y maravilla tiene eco nacional.

     Ya es difícil que en este andar de mi pensamiento, contenga el grato panorama tan vivido que me inunda, y aún más, los mil detalles pequeños que matizan y emocionan estas víspera de nuestra indecible Semana de Pasión. Cuando yo era mozo pretencioso me reía, tontamente, de aquellos ilusionados padres que salían al Rabal llevando, junto a ellos, a sus hijos pequeñines que se esforzaban por tocar el tambor en bonitos tambores que apenas podían sostener. Aquella santa ilusión de tantos padres, que entonces me movía a risa, era de la misma buena ley que la que mi padre gozara con mis primeros pasos de nazareno con tambor. Y este amor que tengo por mi Semana Santa, con sus tambores, sus caramelos y sus procesiones, es, como la de todos los hellineros, fruto de aquel gozoso placer tradicional que ahora ya maduro, devuelvo y mimo en todos los niños que andan por las calles de mi pueblo y el Calvario tocando tambores con fuerza y sin fatiga...

     Cuando ya en las altas horas de la noche sin par de nuestro Jueves Santo, las muchachas se retiran del Rabal hacia sus casas, cuidan de bus car a cuantos tamborileros conocen para dejarles un recado apremiante: ¡Que me llames!. Paradógico encargo, pues que la noche de Jueves Santo es un eco constante, de atronadora barahunda, que no permite el sueño... Y antes de que la aurora pinte carmines en el amanecer, pálido de luna, bandadas de muchachos van llamando con retumbantes redobles a las chicas amigas que descansan sin dormir. Luego, los ojos en fondos de profundas ojeras, sin cansancios, serán una alegoría más para la maravillosa fantasía de¡ Calvario. Los tambores traquetean como sangre desbordada, el corazón de Hellín a todos, hombres y mujeres, nos pasma el gozoso agobio con que el dichoso amanecer de¡ Viernes Santo de Hellín, siempre fulgurante como recién lavado.

          

 Calles  de Hellin duranta estos dias de Tamboradas

     

     

 

  PAGINA EN CONSTRUCION   19-03-02