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  HISTORIAS DE LOS TAMBORES DE HELLIN

 

ORIGENES DE LOS TAMBORES Y DE LAS TUNICAS

    Corría el año 1086 de nuestra era, cuando el emir Yusult lbn Tashufín ‑verdadero creador de¡ imperio almorávide‑ después de fundar la actual Marraquech como capital de sus estados y haberia abastecido de agua por medios artificiales; haber sometido al Magreb con su ejército islamizado de bereberes del Sáhara; haber tomado las ciudades de Fez (1070), Tánger (1078), Ceuta (1083) y conquistar todo el territorio de Marruecos desde Senegal hasta Argel fue ¡lamado por los taifas hispanos Al Mutamid, de Sevilla, Al Mutawakkil, de Badajoz; Abd Allah, de Granada, el Cadi (alcalde) de Córdoba; Ben Adam y Al Mutamid, de Almería, para combatir contra Alfonso VI, rey de León y Castilla, que había conquistado Toledo en 1085, y seguía expansionándose por los territorios árabes.

Después de aceptar las súplicas de los taitas hispanos pasó el estrecho de Gibraltar al frente de un poderoso ejército.

      Poco tiempo después de su llegada a la península emprendió una expedición hacia Coria, ciudad donde se hallaban concentradas las huestes cristianas de Alfonso, ayudadas por Sancho Ramírez, de Aragón; Bereguer ll, de Barcelona, y Alvar Fáñez, de Valencia.

  No había andado mucho cuando encontró al enemigo que estaba apoyado por muchos caballeros franceses­en la llanura de Sagrajas o Zalaca, cerca de Badajoz.

      Las tropas cristianas conocedoras de la llegada de Yusuf lon Tashufín habían bajado precipitadamente para enfrentarse al emir islámico y oponerle cuanta resistencia les fuese posible.

    Aún no había terminado Alfonso de fijar sus tiendas, cuando recibió una carta de¡ emir almorávide en la que éste le invitaba a abrazar el isla mismo o pagar fuerte tributo, a lo que el monarca castellano respondió que se fijase el día de la batalla según costumbre de la época, ocurría esto el 22 de octubre de 1086. La misiva del rey cristiano contenía el siguiente mensaje: mañana viernes es vuestro día de fiesta; el domingo es el nuestro, propongo que la batalla se celebre pasado mañana, sábado". A Yusuf le pareció bien esta proposición, pero Al Mutamid, sospechando que esta sería una estratagema del rey castellanoleonés, no se fió y quedó en alerta. El viernes 23 pudo comprobar cómo la vanguardia cristiana avanza~ ba sobre sus tropas y pide auxilio a Yusuf, quien se queda quieto hasta poder coger por la espalda a Alfonso y sus huestes, dejándolo entre dos fue­gos, la retaguardia hizo una gran carnicería, que­dando desecho el ejército cristiano.

  La derrota hispana se debió a la movilidad y superioridad táctica de los almorávides, quienes con sus camellos y el ruido producido por los tambores ocasionaron la desbandada del ejército cristiano.

          Un dato muy significativo para los hellineros tan amantes del tambor aparece en la descrip­ción que de esta batalla nos hacen los profesores Torres Fontes y Valdeavellano, quienes. con sus investigaciones históricas han demostrado que es éste el momento en que aparecen los tambores en su forma habitual en España. Fueron, por tanto, introducidos en nuestra patria por los árabes cuando Yusuf llon Tashufin dirigió a la lucha su primer ejército con redobles de tambor.

  Según la tradición, esta batalla dio origen a una de las leyendas menos conocidas sobre las tamboradas llegadas hasta nosotros. Contaban los soldados hellineros participantes en esta contienda, cómo el ejército cristiano de Alfonso Vi huyó a la desbandada, cuando en día soleado y sin nubes oyeron un misterioso trueno que produjo en sus tropas, el más espantoso de los truenos, trueno que no era otro que el retumbar de los tambores.

     Por aquél entonces, la población estaba formada por cristianos, musulmanes y judíos, entre otros, los cuales vivían en barrios distintos, si bien la convivencia parecía pacífica; sin embargo, entre ellos existía una gran rivalidad; rivalidad que se mostraba de manera fehaciente en los días festivos más señalados de cada región.

     Conocedores los musulmanes hellineros de la derrota de Sagrajas o Zalaca y de¡ efecto producido en las huestes cristianas por el redoble de los tambores que Yusuf había empleado, todos los años, al llegar la festividad por excelencia de¡ pueblo cristiano la Semana Santa se echaban a la calle, tocando tambores para escarnecer y mofarse así de los fieles de Cristo, Estos redobles de tambores, que en principio eran de los árabes hellineros, pronto prendieron en toda la población nativa y pasaron a hacerse costumbre, que ha llegado a nuestros días, generación tras generación.

    Pero no sólo Torres Fontes y Valdeavellano nos hablan de¡ uso de¡ tambor, libros tan cualificados como El Cantar de Mío Cid y el Libro de¡ Buen Amor nos lo plasman en sus páginas.

    El libro El Cantar de Mío Cid alude a él en los versos (693­697), (1.657‑1.662) y de forma especial en éstos que transcribo literalmente:

Esto van dixiendo ellas yentes se alegando, en la hueste de los moros los atamores sonando; a maravilla lo avien muchos de essos christianos ca nunqua lo vieran, ca nuevos son legados." Versos:2.344‑2.347)

     El Libro de¡ Buen Amor nos habla cómo el tambor se adaptó al mundo cristiano con carácter festivo y unido a muchos instrumentos.

      Aun cuando la derrota de Sagrajas supuso para Alfonso VI dejar de percibir los tributos de los reyes de Taitas, ésta le sirvió para reconciliarse con el Cid y elevarse el espíritu combativo. Envía a García de Jiménez, su vasallo y noble castellano, a que tome el inexpugnable castillo de Aledo, levantado a mucha distancia de¡ reino castellano y dentro de¡ árabe de Murcia.

      Desde este enclave de Aledo, García de Jiménez no deja de molestar a los musulmanes murcianos y almerienses, manteniéndolos en jaque constante, causa por la cual Al Mutamid tiene que pedir nuevamente socorro a Yusuf llon Tashutín, quien, pasando otra vez el Estrecho, sitia el castillo de Aledo y lo deja medio derruido.

      En auxilio de¡ leal vasallo acudirán Alfonso Vi y el Cid, quienes en su desplazamiento pasarán por Hellín (1089). Aledo sobrevivió a este asedio por poco tiempo, sucumbiendo después de seis años de vida, no por capitulación, sino por el único medio en estos casos: el hambre.

      Conocedor Yusuf llon Tashufín de la división de los reyes taifas por las rivalidades y rencillas que entre ellos tenían, aprovechó una fetua resolución de¡ muftí (abogado con capacidad de legislar) de los faquies santones musulmanes andaluces para incorporar a su imperio Málaga (1090), Granada (1090), Sevilla (1091) y Badajoz (1094), escapando por el momento a la ocupación almorávide el reino de Valencia (en poder de¡ Cid: 1094-1102) con los estados vasallos suyos de Albarracín y Alpuente y el reino de los Banu Hud que no fue inquietado, el resto de Al Andalus (imperio musulmán hispano) pasó a sus manos.

Origenes de las Tunicas negras hellineras

INTRODUCCION

  La túnica típica de¡ tamborilero hellinero es el sayal completamente negro. Con el paso de¡ tiempo ha sufrido las oportunas modificaciones, pero ¿cuándo se empezó a utilizar? ¿ De dónde procede? Son unos interrogantes que muy pocas veces se han podido despejar.

  Después de muchas investigaciones sobre fondos documentales procedentes de los más diversos puntos de España, como sobre la más diversa bibliografía, me atrevo a lanzar una teoría con cierta consistencia. Para mí la túnica de¡ tamborilero inició su andadura cuando los nazarenos tamborileros se incorporaron a las procesiones penitenciales con caracter disciplinante en tiempos de la Pasión, una voz acabada la Reconquista Cristiana de la zona,

  Por supuesto esta indumentaria se utilizó en todos los rincones de España, de ahí que tengamos concomitancias con otros lugares. Hoy son muy pocos donde se han conservado el toque de¡ tambor en Semana Santa como el Bajo Aragón, Mula, Moratalla, etc. y en todos perdura el recuerdo de la visita de San Vicente Ferrer como principal difusor de las procesiones penitenciales. En Hellín la hipótesis de partida fue la visita que realizó en la Pascua de 1411. De ahí su color negro,

1. LA SEMANA SANTA DEL SIGLO XV

  A partir de¡ Siglo XV la 'Penitencia" se introdujo en la celebración de la Pasión y Muerte de Cristo.

    Una serie de cambios importantes en la sociedad la fomentaron. Surgió el movimiento de flagelantes.

    La procedencia de dichos cambios fue dispar. Una fueron centroeuropeos: San Francisco, las 11 ordo de penitencia" de Italia desde comienzos de¡ Siglo XIII, las cofradías de disciplina en Italia desde finales de¡ Siglo XIII; el auge de la devoción y culto a Cristo en su Pasión desde finales de¡ Siglo XIII, el movimiento de flagelantes desde mediados de¡ Siglo XIII. Otras fueron hispanas: el nacimiento y desarrollo de la práctica del Vía Crucis en Córdoba en 1420; la predicación de San Vicente Ferrer, O.P., 1350-1411 ‑1 la obra de los franciscanos, el desarrollo del culto a la Vera Cruz, 1224, 1317 en adelante; el auge de la celebración de la Semana Santa en la segunda mitad del Siglo XV; la reforma eclesiástica y religiosa propiciada por los Reyes Católicos, el gran mivimiento conciliar y sinodial arranca con el Concilio Provincia¡ de Aranda en 1473 y la Asamblea conjunta de los representan­tes de los reyes y de los obispos, celebrada en Sevilla en julioagosto de 1478; la fundación y actuación de la Inquisición, cuyo primer tribunal se instauró en Sevilla en 1480 y celebró el 6 de febrero de 1481 su primer auto de fe, la larga extinción de las cofradías gremiales 

     La celebración penitencial fue realizada por los grupos del común, gente sencilla, trabajadora y popular que venerando y contemplando el miste­rio de la Pasión y Muerte del Hijo de Dios Jesucristo, al que se asocia su Santísima madre, María, le rendía culto e imitación, principalmente con una austera y penitente salida procesional en la que algunos o la mayor parte de los cofrades partici­pantes, se disciplinaban, en los días de Jueves o Viernes Santo.

      La crónica de Miguel Lucas de Iranzo en Jaén nos relata cómo se celebraban la Semana Santa en una parte importante de España. En 1462 En­rique IV celebraba la Semana Santa en Segovia. No había nada más que una celebración litúrgica, el oficio de Tinieblas y Viernes santo, la donación de limosnas y un sermón. Se contemplaban tres actos extra¡ itúrg icos. En 1450 en León, Palencia y Sevilla salían a la calle con la cruz roja.

     En León en 1450 se guardaba el Viernes Santo por la tarde para la representación dramática de la Crucifixión, Muerte y Descendimiento de la Cruz de Cristo; y en Jaén en 1450 la crónica de Miguel Lucas de Iranzo narró las fiestas que el condestable celebró el Jueves Santo. Solamente asistió a misa y el recorrido de los estaciones por todas las iglesias (2). El Viernes Santo por la mañana a la representación de¡ Descendimiento.

 

2. EL ORIGEN DE LA TUNICA TAMBORILERA

    El SE español sufrió un cambio espectacular en el modo de celebrar la Semana Santa. La visita de San Vicente Ferrer a cada una de las ciudades de la región (Elche, Orihuela, Murcia, Jumilla, Lorca, Hellín, etc.), supuso la celebración de la primera procesión de disciplinantes o sangradores. La penitencia pública se convirtió en el medio más usual para la redención de los pecados más graves, puesto que el pecado público exigía pública penitencia (3). Ello repercutió en Hellín.

   La presencia de San Vicente Ferrer vino a crear nuevos hábitos, allá donde predicaba. Ya San Antonino lo anunciaba de la siguiente forma: "Un cambio singular producido de repente en las costumbres; así entre los hombres y mujeres y los niños". Abundando en el tema un documento consultado dice así: Tn un principio, el acto de tocar el tambor fue para los tamborileros un acompañamiento a los penitentes, de igual forma era considerado una penitencia".

     Según sus diferentes biógrafos el Santo tenía la costumbre, que en Hellín arraigó, de acompañarse de un par de tamborileros. Estos encabezaban las procesiones. Su misión fue avisar del paso de los penitentes por las calles de la entonces villa. El fin fue dejar tranquilos a aquellos que quisieran hacer 'clisciplinas públicas".

     La incorporación del tambor a las procesiones de disciplina se produjo en Hellín antes de¡ 25 de abril de 141 l., Su biógrafo nos narra que "el apostol salió definitivamente de Murcia, el martes de Pascua, evangelizando Molina, Cieza, Jumilla, Hellín, Tobarra. En Hellín dirigió sus tiros contra los adivinos y las brujas que pululaban por el país". (4)

     Precisamente en los lugares donde estuvo como Mula, Tobarra, Hellín o el Bajo Aragón ha quedado la secuela del toque del tambor en las procesiones. A partir del Siglo XIX cada una siguió su propio camino.

      A través de los biógrafos de San Vicente Ferrer hemos podido saber cómo desfilaban y cómo vestían en las procesiones. "Los primeros días formaban el séquito los que habitualmente acompañaban al santo. Posteriormente se agregaban los eclesiásticos, el pueblo y algunas veces los niños. Después con el consentimiento de las autoridades, las mujeres perdiclas". (5)

     "Los primeros en las procesiones iban los hombres, por un lado, y las mujeres, por otro. Los disciplinantes vestían con hábito blanco y negro el modo clásico de los peregrinos". Es indudable que este traje negro es el típico sayal que usa el actual tamborilero. En otro lugar se afirma: Tlevaban trajes largos y severos cortados a la manera monástica",

  Delante del séquito perfectamente uniformados unos tamborileros encabezaban la procesión de disciplinantes sin separarse en ningún momento de la misma.

     En Murcia durante el Siglo XV se celebraban Ias penitencias públicas el primer sábado de cada mes y e¡ último, y se celebraban ejercicios dándose disciplina, tres noches en cada semana y en todas las de Cuaresma". (6)

    La penitencia se imponía el Miércoles de Ceniza y se daba la absolución el Jueves Santo. Después salía la procesión (7) siempre por la tarde (8).

     El itinerario de estas procesiones transcurría por el casco urbano antiguo. Salían de la ermita de¡ Rosario y contorneaban el Cinto o primer anillo amurallado de la villa. Siempre en su interior. No pasaba por las aljamas o barrios morisco o judío.

     El tambor utilizado era el de "pregonero". Era de madera, piel de animal y templaderas de cordel. Los nazarenos tamborileros impusieron un toque sincronizado para avisar de¡ paso de la comitiva penitencia[ No podían tocar anárquicamente.

     Se fue introduciendo el toque más tradicional de estas tierras: El Racataplán. Coincidió con el que se tocaba en otras partes de España.

  NOTAS:

  1. Sánchez Herrero, J.: Ias cofradías y hermandades españolas en la Edad Modema". Atti de¡ Seminario Internazionale di Studio. 28‑24‑30 Aprile 1988. Cetro Richerche di Storia Religiosa in Puglia. Pg.426‑427.

  2. Sánchez Herrero, J.: "Las cofradías de Semana Santa".

  3. Fages, F.H.: H a de San Vicente Ferrer. T.1. Ed.Conde Almodóvar, 17‑XI‑1900. Pg.20.

  4. Fages, F.H.: H!! de San Vicente Ferrer. Pg.295.

  5. Fages, F.H.: H! de San Vicente Ferrer. Pg.245.

  6. Diaz Cassou, P.: Pasionaria murciana. S.XIX. Madrid 1897.

  7.. Munuera Rico, D.: Cofradías y hermandades pasionarias en Lorca. B.B.M. 2. Ed.E.R.M. Pg.24.

  8. Fages, F. H.: H` de San Vicente Ferrer. Pg.255.