logotipo

img_google
       
     
FOTOS DEL PUEBLO
SUS CASAS
DATOS DEL PUEBLO
NOTICIAS Y ENCUESTAS
FAUNA Y FLORA
SITIOS SINGULARES DE VIDRIEROS
FUENTES CARRIONAS
LA BERREA
VALLE DE PINEDA
CURAVACAS
VISTAS AEREAS
CASA RURAL VALDENIEVAS
REFUGIOS
RUTA DE LOS PANTANOS
OTRAS RUTAS
OTRAS ZONAS
¿DONDE PUEDES IR?
LEYENDAS
DICHOS Y PALABRAS
TRADICIONES
RECOMENDACIONES EN LA MONTAÑA
FOTOS DE LA ZONA
ZONA VIP
MAPA DE LA ZONA
MAPA PROVINCIAL
PICOS Y CUMBRES
AGRADECIMIENTOS
ENLACES
PRODUCTOS
GASTRONOMIA
FORO
CHAT
LIBRO DE VISITAS

TRADICIONES

Mientras en otras zonas de la meseta las tradiciones y formas de vida se perdían o modificaban con el desarrollo social y económico, en estas zonas montañosas se mantenían remansadas durante algunos años más, lo que permitió a jóvenes estudiosos e investigadores, conocerlas y darlas a conocer; razón ésta por la que hoy podemos hacernos una pequeña idea de cuáles eran sus formas y modos tradicionales de vida. El territorio donde se desenvolvía la vida de las “gentes montañesas”, estaba dividido en dos claros conceptos: por un lado, la propiedad particular de cada vecino y por el otro la común: “concejo” o pueblo.

LAS TIERRAS
Las poblaciones se agrupaban ya desde los primeros tiempos, en lugares y aldeas, con una división tripartida de su territorio: el casco de la población, en el centro, compuesto por las viviendas y los huertos cercanos para el forraje (ferreñales); por otro lado, las tierras de cultivo y los prados de posesión individual o familiar; y en tercer lugar, las praderas, dehesas y montes de común aprovechamiento. Esta división era propia de cada pueblo y en no muy lejanos tiempos, los montes y prados eran de la comunidad, pudiendo el ganado apacentar en las tierras propias de cada vecino, siempre y cuando se hubieran levantado antes las cosechas.
Agrupaban sus ganados en rebaños, piaras y “veceras”, ordenando su custodia y naciendo como consecuencia de estas y otras normas, una participación directa del pueblo en el diseño de una ordenación propia y particular, que se extendió a todos los menesteres que afectaban a la comunidad. Así fue cómo surgieron las Ordenanzas Concejiles que, por varios siglos, rigieron las formas y modos de vida de estas pequeñas comunidades montañesas.

Ordenanzas de Concejo de San Salvador de Cantamuda

El pastor de las ovejas
Podrá ordeñar en verano
A la hora de la siesta
Pero ha de ser moderado,
Ordeñando solamente
Cada día tres o cuatro
Y si así no lo cumpliera
Tendrá que ser sancionado
El que haga de tabernero
En esta villa y concejo,
Habrá de dar vino nuevo
Al igual precio que lo viejo.

Cualquier trabajo a realizar “para el bien común”, se llevaba a cabo por “huebra”, prestación comunal de servicio (arreglo de caminos, fuentes, tala de montes, etc...), así como cualquier necesidad “técnica” que se requiriese: contratación del herrero, molinero, alimañero, pastor, médico o maestro, para cuyo pago se requería la aportación comunal, y que se hacía a cuenta de grano u otros frutos de la tierra.
El calendario más habitual para hacer alguna de estas labores en muchos de estos pueblos era el siguiente:
-En marzo o abril, según viniese el año, se arreglaban los caminos, en especial los que se aproximaban a las tierras de labor y praderíos y que hubiesen resultado dañados por los rigores del invierno.
-El día dos de mayo, se arreglaba el chozo de la cabaña, para lo cual el Concejo aportaba una cántara de vino.
-En la época de “siega de prados”, si algún vecino caía enfermo, el Concejo ordenaba a huebra y recogía la hierba de las propiedades del enfermo.
-Asimismo, se segaban los prados destinados a la manutención del “toro semental”, también propiedad común del pueblo, para el cual ya existían uno o más prados específicamente asignados.
-En el otoño, se adjudicaban las subastas de leñas (“suertes”) de monte para cada vecino y se cortaba a huebra, la que le correspondiese al pastor o vaquero.
-En el invierno, cuando la nieve cubría los accesos al pueblo, se despejaban éstos por huebra, a golpe de pala, a la cual se untaba antes con sebo de cabrito matado en San Martín.

LA VIVIENDA
La vivienda tradicional de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre, es una construcción maciza, cubierta con teja árabe (antes con paja de centeno), “tejados de colmos” a dos y cuatro vertientes. Construida con muros de mampuesto, mampostería, sillar o sillarejo, asentados con mortero. Se refuerzan, sobre todo en los primeros tipos, las esquinas, jambas y dinteles de puertas y ventanas con fuertes sillares bien trabajados en caliza de montaña. Es normalmente de dos plantas, estando la inferior totalmente ocupada por la cuadra para albergar a la “hacienda” o cabaña ganadera, que oscilaba entre las seis y las doce vacas. Esta convivencia entre animales y hombres es una de las características a resaltar en la distribución interna de la vivienda montañesa, ya que el cuidado del ganado era la base principal de su subsistencia y además, al situar el hogar propiamente dicho sobre la planta del establo, permitía aprovechar las cualidades calefactoras que en pleno invierno aportaba el ganado a la vivienda. Por todo ello, no era extraño encontrarse que en el acceso de animales y hombres se hiciera por el mismo postigo.

Con el tiempo, esto se fue evitando, dotándose de la entrada de acceso a la vivienda de un porche o pequeño zaguán, con una escalera que facilitaba el acceso a la planta superior. Antes de subir a ella, diremos que en la planta baja, aparte de la cuadra, existían dos o tres dependencias más, destinadas a bodegas y almacén para el depósito de productos del campo: maíz, patatas, algo de grano y sobre todo vino, que se almacenaba en pequeñas barricas, comprado por trueque en Tierra de Campos.

A la primera planta se accedía por una “pindia” (empinada) escalera, que como ya decíamos, partía del zaguán. La primera pieza que encontramos en la distribución es el hogar o cocina, donde se acoge a la “hornacha” u “hornicha”, chimenea de fuego bajo, de no muy grandes dimensiones, que se “atiza” con leñas duras (haya o roble) y que se asienta sobre el “llar”, plancha de hierro o piedra sobre el que se dispone el fuego en el cual se condimentaba la escasa gastronomía montañesa. Muchas viviendas disponían de hornera, edificada en la parte exterior de la fachada, dispuesta sobre un pie derecho que la mantenía a la altura del primer piso. No era de muy grandes dimensiones pero estaba bien construida para poder cubrir las necesidades propias de la unidad familiar en el consumo del pan que se cocía para varios días. El resto de las dependencias estaban ocupadas por una pequeña sala y varias habitaciones y alcobas. En la parte más “arrecida” por el frío norte, se disponía el pajar, que estaba en comunicación con la cuadra, por una trampa que permitía arrojar el heno dentro de la misma. A este pajar, no se accedía desde la propia vivienda, sino más bien desde el “bocarón” abierto en la fachada contraria. Las aberturas en la fachada son mínimas, evitándose con esto, la entrada de los fríos invernizos y los calores del verano.

La vivienda está dotada de un corral, ya sea en la parte delantera o trasera. Suele ser un recinto cerrado construido por apilamiento de piedras irregulares y al cual se accede por una portonera, que lleva sobre ella un pequeño tejadillo a dos aguas para protegerla de las inclemencias del tiempo.Dentro de este corral, destaca sobre cualquier otra construcción, la sobera o tenada, cobertizo apoyado en su parte abierta sobre postes de madera y que servía para guardar el carro con todos sus utensilios, así como los parcos útiles de labranza. También se utilizaba de leñera y daba cabida a un pequeño banco de trabajo, sobre el cual se realizaban las reparaciones propias y necesarias de la vivienda. También en este corral, tenían cabida las pilas del cerdo y abrevadero, así como un pequeño gallinero y colmenar realizado con “dujos” (troncos huecos de roble). El suelo de muchos de estos corrales o cortes estaban enlosados con grandes “lanchas” de piedra entre las cuales discurría el “albañal” para la eliminación de los residuos animales de la cuadra.

AGRICULTURA Y GANADERIA
La cría de ganado y una incipiente agricultura, fueron los medios de subsistencia básicos de la familia montañesa. Los pequeños huertos, cerca de la casa o en los márgenes de un arroyo cercano, surtían a una unidad familiar de los alimentos primarios para su manutención. El resto de los terrenos eran dedicados a praderas para surtir de pasto a los ganados.

El preparado de los pastos se llevaba a cabo en el mes de octubre, estercolándolos con el “horcón”, para luego en primavera “avanzarlos” (arrastrarlos) con unos espinos secos. Por San Pedro (mes de junio), se segaba la hierba con el dalle y a los dos o tres días se “limullaba” (daba vuelta) para que orease. La hierba segada se transportaba en carros, a los cuales se les ponía una armadura de madera para poder transportar grandes cantidades de hierba hasta los pajares, donde quedaba albergada durante el invierno para servir de alimento a los ganados durante esta dura época del año. Mientras la hierba estaba almacenada en el pajar, se la “mesaba” con el “mesador”, pequeña azuela de madera que servía para ahuecar la paja, evitando su apelmazamiento y fermentación.

El carro fue, desde tiempos históricos, el vehículo de tracción animal por excelencia de estas tierras. En épocas más antiguas tiraban de ellos fuertes y rotundos bueyes tudancos, pero posteriormente se adaptaron para este menester las “vacas de labor” de la misma raza, por lo que había que someter a estos animales a un proceso de entrenamiento periódico, siendo la operación más difícil de conseguir la de uncir al nuevo animal, al atalaje del “yugo cornal”. Hasta tiempos recientes, los carros usados en estas comarcas eran totalmente de madera y cuando decimos totalmente nos referimos al hecho de que no tenía ninguna pieza metálica, ni para ensamblar ninguna de sus piezas, ni en la misma llanta y ejes de sus ruedas, las cuales eran enteramente de madera, conociéndoseles como carros de “ruedas blancas” o “chirrionas”, debido al agudo sonido que producía el rozamiento de sus ejes, que se intentaba evitar “pringándoles” bien de sebo.
Como ya decíamos, completaba la producción forrajera, un incipiente cultivo de cereales y leguminosas, destacando entre ellos el centeno, avena, cebada, trigo tardío (trigo rojo o mocho y tresmesino), etc.. Entre las legumbres destacaban los titos, arbejas y garbanzos. También se ampliaba la economía familiar con el cultivo de pequeños y deslucidos patatares y linares para posteriormente “hurdir” con este los paños. Esta labor como otras (hilados de lanas, preparado de matanzas y confecciones de quesos) eran misiones propias de las mujeres, las cuales siempre llevaron la peor parte en la distribución del trabajo familiar, ya que además de ayudar en las labores agrícolas se ocupaban de sacar adelante el núcleo familiar.

COMERCIO
Los contactos comerciales de los montañeses palentinos con la meseta nunca tuvieron la fama que mantenían sus vecinos los pasiegos. A comienzos del otoño, bajaban a Campos con sus carros atestados de madera, aperos de labranza, carretería, puertas y frutos secos, que ellos mismo contruian y almacenaban durante los largos meses del invierno, y que daban a cambio de granos de trigo y vino.

Las ferias anuales o los días de “mercado”, era otra de las formas de contacto, comercio y comunicación entre comarcas limítrofes, llegándose a celebrar hasta seis ferias anuales en algunas zonas montañesas. Por lo general se celebraban en cabeceras de comarca, teniendo unos días fijos en el calendario (San Salvador de Cantamuda, Cervera de Pisuerga, Guardo). El motivo principal de las mismas era la compra venta del ganado vacuno, sin desechar el resto. Asimismo se comerciaba con productos de la tierra de temporada o manufacturas y artesanías de la zona. Al reclamo de estas ferias asistían vendedores ambulantes, quincalleros, componedores y hasta curanderos y cómicos de la legua, que hacían las delicias de chicos y grandes.

TRASHUMANCIA
Otra fuente de riqueza, aunque también de comunicación, era el contacto que se mantenía con los “meriteros”, pastores trashumantes de origen extremeño, herederos de los del Consejo de la Mesta, los cuales venían en el mes de junio siguiendo los cordeles de la Cañada Real Leonesa. Al mando de estas gentes extremeñas venía un mayoral, y con él varios pastores, muchos de ellos originarios de estas montañas, entre los cuales se repartían los diferentes rebaños que alquilaban los puertos a los concejos con los que se ajustaba a un “tanto cabeza”, sirviendo estos beneficios de ayuda a los pueblos para el pago de gastos comuneros y contribuciones.

Durante la primavera, el pueblo al completo, tenía que desplazarse en “huebra” a reparar los chozos que utilizarían en el verano estos pastores, los cuales en un principio consistían en un hoyo excavado en el terreno, en forma de embudo, rodeado por un pequeño parapeto de piedras que se cubría de escobas y retamas. Los pastores trashumantes, durante los meses que pasaban en estas tierras, trabajaban la madera, hacían calcetines de lana, construían cencerros y trabajaban en el cuero, así como tejían sogas con crines de caballerías. Vendían estas manufacturas artesanales a los lugareños de las aldeas cercanas o las cambiaban por víveres y vituallas.

INDUMENTARIA
La indumentaria tradicional de esta tierra montañesa ha mantenido una constante evolución, existiendo varias trajes para las diferentes comarcas y usos montañeses, pero destacaremos la indumentaria de la mujer montañesa:
“usaban en ocasiones
corpiño y basquiña negra
refajo de colorcilla,
blancas tócas y calcetas
con escarpines y albarcas
De ordinario montera,
Dengue, justillo, calzorras
Y una o dos sayas de mezcla.”

FIESTAS Y CELEBRACIONES


Como en otros territorios de la Comunidad, el calendario festivo de estas zonas oscilaba entre la liturgia cristiana y los rescoldos de los más viejos usos paganos: Navidad-Reyes, San Antón, Marzas, Brígidas, Carnaval-Cuaresma, Mayos, Rogativas, San Juan Rondas, Cantos de trabajo y siega, Festividad de aldea, Enhorabuenas-Bodas, Ánimas y Matanza.
En Fuentes Carrionas, lo normal es que hubiese dos días de petición de los Reyes: el día de Año Nuevo, cuando se pedían entre el vecindario del pueblo los aguinaldos, y en la propia víspera de Reyes, que era cuando se recorrían las casas “de los de justicia”, es decir, alcalde, médico, sacerdote y secretario, entonando las conocidas cancioncillas.

Y esta noche son los Reyes
segunda fiesta del año
donde damas y galanes
al Rey piden aguinaldo...

Las Marzas se celebraban la víspera del día del Ángel (1 de Marzo) y con ellas se festejaba por parte de la mocedad, la salida del invierno:

Si nos dan licencia
señor cantaremos
y con mucha prudencia
las marzas diremos...

Las Brígidas y los Carnavales seguían el el calendario festivo. El resonar de cencerros colgados a la cintura de los “zamarrones”, inundaba las aldeas de estos lugares, animando a la mocedad para ir a “escurrir antroído”:

Adiós martes de antroído
Adiós amigo mío
Hasta el Domingo de Pascua
Que no como más tocino...

Celebración de la festividad de los Mayos

Ya estáis en lo llano
Sentaros a descansar,
Que ya trajisteis el mayo
Para mañana pinar...

La fiesta del santo/a patrón del pueblo era la fiesta por excelencia. Después de todos los actos litúrgicos propios de un día como éste, se daba paso al “día de la función”. Este se llevaba a cabo, como era lógico, en la plaza del pueblo, pero como por lo general solía ser insuficiente, se habilitaba para tal fin un prado cercano al caserío, donde se desarrollaba uno de los actos por los que más atracción han demostrado todos los pueblos y culturas: el baile.
Dos eran las modalidades de baile que se llevaban a cabo: “a lo ligero” y “a lo pesao”

A lo ligero madre,
Y a lo ligero
Al uso de mi tierra
Toco el pandero...

Estos bailes se acompañaban con tambor y pandereta, siendo ésta tocada, por lo general, por las mujeres, que ponían la voz a las canciones que se interpretaban, y que solían ser pequeñas estrofas que hacían referencia a temas amorosos o de la vida cotidiana.

Para visualizar fotos de utensilios utilizados en el campo con sus nombres y explicaciones, pincha aqui.




     

VIDRIEROSCITY